Entre pares

Empezó la guerra...

Trump pretende cobrar a México vía la “renegociación” del TLC, sin que hasta el momento se sepa por qué el país debería hacerlo.

Preludio del final al glorificado Consenso de Washington, falsa meta ineludible de la humanidad globalizada en libre comercio eterno, la destructiva guerra comercial y migratoria contra México, anunciada por Donald Trump, ha comenzado aun antes de su toma de posesión como presidente de EU. Sin embargo, fuera de declaraciones circunstanciales la cúpula del poder mexicano parece aletargada. Salvo las patrióticas excepciones de algunos pocos gobernadores y ciertos diputados, la pasividad del gobierno es asombrosa. No hay previsiones para reformular al país en el rumbo previsible que lo lleva al abismo: con su liderazgo político a la deriva, sin petróleo, con escasa industria propia y con una deuda externa al tope y ya sin los EU, ahora volcados sobre sí mismos.

En cambio Trump, con unos tuits vociferantes, en segundos ganó sus primeras batallas contra la nación azteca y lanzó al peso en caída libre. Inhibió planes corporativos en México que obsecuentes como la Fiat Chrysler declararon "sería una locura invertir en México", eliminó la creación de miles de nuevos empleos y anunció la erección inmediata del muro fronterizo (un adefesio que según el secretario de seguridad de EU es una inversión "poco inteligente"), cuyo costo Trump pretende cobrar a México vía la "renegociación" del TLC, sin que hasta el momento se sepa por qué el país debería hacerlo. Infligió así en cuestión de días cuantiosas pérdidas millonarias en dólares; provocó una devaluación adicional del peso contra la que Banxico habría vendido reservas para estabilizarlo aunque a la postre fue inútil. Ominoso y desafiante, Trump sobre el aún humeante campo de batalla exclamó: "Y esto es sólo el principio".

¿Se necesita mayor declaración de hostilidades? Por menos en diversos momentos de la historia gestos como los anteriores se han considerado "causus belli". Pero Peña Nieto, buena parte del PRI-AN y sectores mediáticos aconsejan "hilar fino", sin estrategia ante lo que enfrenta el país. El nombramiento de Videgaray como titular de la SRE exhibe la única carta de Peña: una altísima apuesta por moderar a Trump vía su yerno, con el que se dice que Videgaray mantiene amistad. Conocido el entreguismo de Videgaray se abre la posibilidad de que negocie su candidatura al 2018 tras bambalinas con Trump. El arquitecto de la visita de Trump a México asegura que "vamos a renegociar con una gran confianza en nosotros mismos". Pero no es su perfil sicológico lo que importa sino su falta absoluta de fichas para sostener la pulsada a Trump, toda vez que como titular de la SHCP promovió privatizar el petróleo y endeudar al país hasta el límite de la insolvencia.

A la alta vulnerabilidad de la economía mexicana a EU, en la histórica necedad neoliberal de integrarse a ese país, se añade un nuevo factor de exclusión y rechazo racista. La nueva administración trumpista hace a México motivo de seguridad nacional y los inmigrantes son enemigos declarados al estilo que los judíos lo fueron para Hitler. Pero con menos del 3 por ciento de su PIB que EU importa de México no se puede aducir que la manufactura mexicana haya creado en ellos un problema estructural de desempleo. Al contrario, viven un repunte de prosperidad legado por la era Obama.

La meta de Trump es asfixiar económicamente a México para cumplir con su electorado duro que lo llevó al poder, si bien estos adeptos contabilizaron dos millones menos de votos que los que obtuvo su oponente Hillary Clinton. En realidad EU no tiene grandes temas que "renegociar" en el TLC. Busca imponer aranceles en aquellas importaciones donde percibe ganancia mexicana para anularla. De ahí que la palabra "renegociar" sea un eufemismo. El TLC muy probablemente será abandonado por EU en el curso de las negociaciones a poco de tratar de imponer condiciones extravagantes. Con Canadá, EU no tiene dificultad porque sobrevive un convenio bilateral de comercio. Es México el que quedaría excluido.

Así, los supuestos pilares macroeconómicos del país que por décadas tanto presumieron los adeptos al globalismo y los tecnócratas neoliberales, habrán servido de nada para un giro mundial de esta naturaleza.

Hoy México enfrenta una próxima, durísima realidad política y económica y ya sin petróleo ni nacionalismo que tanta falta harán para sortear los durísimos tiempos por venir. Y todavía hay quienes vociferan que las mal llamadas "reformas estructurales" deben profundizarse aún más. Venta sobre venta de los jirones del país.

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