Entre pares

Ebrard y Jaime en las tripas del sistema

Sigue siendo vigente la norma no escrita: quien desafía al máximo poder en México se atiene a las consecuencias.

Pocas veces vistas con claridad, nauseabundas tripas del sistema se dejaron ver con impudicia en los actuales tiempos electorales. Mostraron ad nauseam cómo intentar deglutir una oposición política que de salir victoriosa se tornaría peligrosa para intereses encubiertos dominantes.

Casos recientes en la Ciudad de México y en la de Monterrey lo ponen en evidencia. En el primer caso más que impartir justicia, al cancelar el registro electoral de Marcelo Ebrard y enfilarlo de esa manera a un proceso judicial (por el desastre financiero de la Línea 12 del Metro) para el que no tendría fuero (aparte de descarrilarlo de cualquier pretensión presidencial en el 2018), se buscó interpretar a modo lo que debe entenderse por “simultaneidad” de registros.

Para el sentido común un registro sería concurrente cuando se tienen dos al mismo tiempo (que no aplica a Ebrard, quien primero renunció al del PRD antes de registrarse de nuevo, afiliado al partido Movimiento Ciudadano). Pero el TEPJF interpretó que no lo fuera para un mismo periodo eleccionario (en cuyo caso ya no sería simultáneo sino subsecuente). Ahora resolverá en definitiva la SCJN.

Al reverso de un TEPJF que no anula el registro del PVEM por abuso sistemático a la ley, el perjuicio propinado al ciudadano Ebrard se vincula a Los Pinos en castigo por presuntamente filtrar información que permitió a la periodista Aristegui revelar el escándalo de la llamada Casita Blanca a nombre de la esposa del Presidente y el entramado concomitante de conflicto de intereses entre el constructor, Televisa, y la Presidencia.

Se estaría así ante un claro ejemplo de la judicialización de una venganza personal por parte de EPN. Una fuente “del primer círculo” de Los Pinos aseguró que “sigue siendo vigente la norma no escrita: quien desafía al máximo poder en México se atiene a las consecuencias”. Casi presidencia imperial por mandato divino.

Otra guerra sucia se vio en Monterrey donde de improviso una ex esposa del candidato independiente Jaime Rodríguez, quien según algunas encuestas rebasa ya más de seis puntos a los punteros del PRI y del PAN (Ivonne Álvarez 36.4% y Felipe de Jesús Cantú 30.1% respectivamente), salió de la nada a dar su público apoyo a la candidata del PRI. Aseguró, sin venir al caso (dejando adivinar lo que seguiría a continuación), que le diría sus verdades a su ex marido cuando lo tuviera al frente (confundiendo quizá la arena electoral con un ring de apelaciones extraconyugales).

Sin embargo, la dama en cuestión, “culta, reflexiva, preparada”, atributos a los que fue preciso añadir el sobrehumano “incapaz de mentir” (o infalible), no esperó más y difundió ante la televisión que una vez su ex esposo Jaime Rodríguez El Bronco la había golpeado por un “chisme” en presencia de su hija. Tiempo transcurrido: más de diez años. Móvil de la denuncia pública: “Porque no le gustan las mentiras”. A punto de la entrevista la señora aparece leyendo un libro sobre inocencia y traición mientras espera a las cámaras.

El terremoto que se vino encima atrapó a muchos en pánico, incluyendo medios y periodistas. El colega de estas páginas Horacio Salazar describe parte del tono: “Crucifixión: los demás candidatos se le echaron encima; la extraña acusación la dieron por buena, sin la menor duda, como axioma divino (…) Y el consenso interesado dijo que debía ser cierto”.

A la postre quedaron de manifiesto dosis de manipulación electoral y de todo tipo; el efecto búmeran en las redes sociales por la resistencia a tragar lo privado como verdad política al cien por ciento; y el gran mercado existente para talentos y guionistas de medios que los auxilien en administración y manejo de crisis de imagen sin arriesgar credibilidades.

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