Entre pares

Disonancias IP y "Bronco"

No es un misterio que una parte de la IP regiomontana apoyó la candidatura independiente de Jaime Rodríguez bajo acuerdos pragmáticos a los que es afecto este sector empresarial. Pero el desborde de hechos delictivos en el área metropolitana de Monterrey, aunado a la insatisfacción generalizada en la sociedad por los nulos resultados que ha exhibido el régimen del independiente, ha tensado las relaciones entre los empresarios y el Gobierno Estatal. Hay descontento y es público y notorio hasta en interlocuciones sui géneris, como en el ilustrativo mensaje del director del grupo regiomontano Alfa, Álvaro Fernández Garza, al gobernador de Nuevo León. Sobrevolando el primero las instalaciones de la Fuerza Civil, observó un parque de más de 70 patrullas inmóviles. Sorprendido, fotografió la imagen vía Twitter con un reclamo por no estar en las calles.

El Bronco (que en su protagonismo responde igual a por qué hay baches que por qué no hay más patrullas en las calles), acostumbrado a inventar versiones mentirosas, replicó: “(Álvaro Fernández) tomó una foto en el cambio de turno, y obviamente en el cambio de turno, ahí están las patrullas” (repuso autosatisfecho de su ingenio). Pero no contaba con que el director de Alfa sobrevolaría el cuartel otra vez y volvería a encontrar las unidades estacionadas, solamente movidas de lugar. “Y ¿éstas otras patrullas, otro día, a otra hora?”, repreguntó mordaz el capitán de empresa.

No ha habido respuesta aún del lenguaraz Ejecutivo de la entidad, pero no podrá aducir falta de gasolina por escasez de dinero, ya que ésta la patrocina la IP (uno de los motivos del enojo de Fernández Garza). Pero el episodio muestra que las relaciones no pasan por su mejor momento. Hay fricciones y los reclamos se acrecientan por los niveles de inseguridad (como los del Pulsómetro).  Las respuestas de El Bronco, todas disparatadas, tocan hasta el extremo de afirmar que las percepciones sociales son culpa de los medios a los que su régimen debería volverles a dar dinero para que no difundieran la situación que se vive (una perla ideológica del gobernador que ni comentario merece).

En realidad algo grave está ocurriendo y un termómetro de ello es Mauricio Fernández, edil de San Pedro, quien en su anterior gestión alardeaba de blindajes y grupos rudos que protegían a sus electores; y ahora se dice por demás “preocupado” de lo que, según reportes de inteligencia, está asentado nada menos que en su propio municipio en donde se han empezado a cesar policías presuntamente coludidos con este sector del crimen organizado (con el que obviamente Mauricio no ha podido generar un blindaje esta vez). A lidiar con ello acaban de llegar 30 ex soldados de elite al mando de un nuevo ex general del Ejército.

Pero el ejemplo de los funcionarios estatales cunde y los despropósitos se hacen legendarios. Léase al talibán Marcial Herrera en funciones de secretario de Seguridad Pública de Santa Catarina: “La única persona que puede decir lo que pasa en sus municipios (sic) son sus secretarios o el alcalde” (¡¿Y la libertad constitucional de expresión?!). Para él los ciudadanos son voceros de hechos violentos cuando los difunden en redes sociales para prevenirse de ellos. Toda una pesadilla imaginar al señor Herrera en una dictadura.

Otro de quien se precisa un código semántico para descifrarlo es el tartajoso discurso del general Cuauhtémoc Antúnez, de Seguridad Pública del Estado : “Ya se habló de percepción y sensación, hagamos lo correcto, siempre he tenido… ustedes me conocen, en aquellos ayeres, tuvieron toda la información (cuando) se podía, hoy tenemos que guardar las formas (…) empecinados a cambiar, lo vamos a lograr y esta seguridad va a estar anclada (sic) correctamente, todos quienes están conscientes de nuestra responsabilidad y de nuestras debilidades y qué estamos haciendo para subsanarlas; en un futuro ya no va a haber una curva en donde se estén presentando estos eventos (…) vi en una ocasión cómo se hacía la apología de un robo en el interior de un vehículo con las cámaras de un negocio, pero para qué damos a conocer eso… mejor que los dueños de esas cámaras nos hablen para anticiparnos a que se cometa ese robo (¿?)”.

De lo poco que se le puede entender: ¿Para qué dar a conocer la apología de un robo (que es un delito) si ni él mismo —que dice que la vio— intervino o la denunció?

gcolin@mail.com