Entre pares

Desgobernabilidad sin plan 'B' y linchamiento moral

En el cariz que empieza a tomar en NL la coyuntura de transición a un gobernador independiente, sobresale el desconocimiento inicial del equipo que arriba al poder sobre la operatividad del aparato gubernamental que se hereda. Un vacío por lo visto no zanjado en el periodo de entrega de un gobierno a otro.

Desde el impacto no contemplado que tendría eliminar la tenencia hasta pasivos emergentes no contabilizados, pasando por autopistas (¡!) que de pronto se empiezan a construir sin conocimiento previo, sumadas a pifias propias, el catálogo no habla sino de una desgobernabilidad riesgosa; y también de un terreno minado por el gobierno saliente. Ignorar los resortes que mueven a la burocracia sin controlarlos puede ser como intentar jugar un videogame fatal a ojos cerrados.

Lo reafirma la ausencia de planes alternativos ante un Congreso de vocación oportunista. En el posible pacto entre diputados y gobierno sobre la tenencia, el tesorero Carlos Garza sólo radicalizó posturas con los legisladores. De última hora el secretario Manuel González logró rescatar con las uñas una desgravación gradual; una imprevisión desde el Palacio de Cantera donde de manera políticamente ingenua, dejaron el resultado a la "responsabilidad" y al buen albedrío de los diputados locales.

Empieza a ser consenso que El Bronco debe guardar las ocurrencias de campaña y sentarse ya en la silla que guste, a pensar en lo que va a hacer de su gobierno porque el poder podría marearlo aún antes de ejercerlo. Han asomado dos vertientes de su discurso, ambas fundamentalistas y anticonstitucionales. La primera tiene que ver con su fobia a la partidocracia y la segunda a medios que con su crítica lo irritan. En el primer caso exigir la desafiliación a los miembros de su gobierno a cualquier partido político excede sus facultades y limita libertades constitucionales. Su celo por evitar transferencias de recursos públicos a los partidos podría empezar por aplicarlo a sí mismo: ¿ya cesó de retener su gobierno de la nómina de los burócratas, sus cuotas cautivas al PRI?

En el segundo, El Bronco litiga con rusticidad en redes sociales sus diferendos mediáticos y pisa rayas de libertad de expresión, entretenido como está en mantener prendidos los infiernitos con algunos medios locales y en perseguir de manera obsesiva sólo virtualmente a su antecesor, sin tocarlo en serio.

Esto último se le ha convertido en un pasatiempo del que puede salir no muy bien librado. Con franqueza, rayana en la temeridad, en entrevista reciente a un medio nacional, advirtió al presidente Peña que no debe contratar a Rodrigo Medina salvo que quiera echarse encima el odio de Nuevo León [...] Y advirtió: "Pendejo el que lo contrate"; lo cual luce totalmente fuera de lugar porque no está claro quién se cree que es Jaime Rodríguez para mandarle decir tales mensajes al Presidente de la República y menos para asegurarle que una entidad entera lo odiaría si no hace caso a la advertencia del Bronco.

En su mente Peña Nieto "ya debería haber hecho un estudio sobre si Medina es o no querido" lo que revela que El Bronco imagina que tales estudios sobre las personas existen y se mandan hacer. Si de fallos colectivos se trata debería atender a los cientos que en internet piden que El Bronco quite al secretario Russildi del conflicto de interés.

Peor aún es que luego que Jaime Rodríguez se hace justicia a sí mismo por mano propia con esta suerte de madrizas virtuales en abonos a Rodrigo Medina, a continuación se exime de llevar sus amenazas hasta sus últimas consecuencias: "La justicia no la doy yo, la da el Poder Judicial" dice eminente y solemne una vez que se despachó en grande con el linchamiento moral.

Reconvertido el justiciero en estadista, no acaba sin embargo de decidir para cuándo y contra quiénes su gobierno va a enderezar el pleito judicial: "Todo mundo centra esto sobre la familia Medina, pero también hay familias González, Cavazos, Azcárraga"; dice diversificador, pasando por alto que él es el primero en enfocar sus baterías a Medina, en lo que ya parece su rutina de mucho ruido y pocas nueces.

Convocar a un colectivo de por sí enardecido a emitir condenas morales genéricas hacia medios o personas es un acto de absoluta irresponsabilidad manipuladora, indigno de cualquier gobernante que se tome en serio. Él como ex pupilo que creció a la sombra de Martínez Domínguez, debe saberlo.


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