Entre pares

Colosio: usufructos luctuosos y cabos sueltos

El guión impostado no impide el cobro de facturas políticas.

Transcurre la vigésima efeméride del asesinato de Luis Donaldo Colosio. Es evidente desde el priismo peñanietista (que no escatima oportunismos), una descarada campaña, en Monterrey o en Veracruz, que se propone hacer entroncar las mal llamadas actuales reformas estructurales con un hipotético legado del malogrado político sonorense.

No en todas partes les sale el guión con fortuna. En el PRI de Veracruz, donde supuestamente los priistas siguen con devoción cuasi cristiana los preceptos de Colosio, no recuerdan su nombre correcto y lo escriben mal “Luis Don Aldo Colosio”, en la invitación a conmemorar que a “sus 64 años nosotros seguimos recordándolo, hoy con las reformas transformadoras inspiradas en su ejemplo”.

Si es fiable lo que dicen profesar, mueve a asombro la supuesta reciedumbre de este priismo y la de su jefe político, Enrique Peña Nieto, que esperó 20 años para una vez retomado el poder, acordarse de lo que propugnaba el candidato Colosio;  y al cabo de dos décadas, llevar a cabo lo que él hubiera hecho. En otras palabras, quien votó por EPN para presidente hoy, ni imaginaba que votaba en realidad por el ideario político del Colosio de ayer. Sorprendente falacia.

En Monterrey, donde se encuentran ex colosistas conspicuos, tampoco se pierde la oportunidad. La colocada senadora Cristina Díaz (CNOP nacional), y disimulada aspirante a gobernar NL, con el acervo informativo que su cargo conlleva, confiesa que nunca creyó la teoría del asesino solitario (por ende cree que hubo una conjura detrás de su muerte); y se extraña de la deplorable seguridad en torno a Colosio el día de su muerte; si bien luego intenta matizar a toda prisa: “Es que Luis Donaldo así lo quería, gustaba del trato con la gente” obviando de su aseveración la conjetura implícita sobre el laxo papel que jugó en Lomas Taurinas tanto el EMP, como la policía estatal y municipal.

El diputado federal Javier Treviño, presto, mejor desdeña las molestas dudas que hubiera arrojado la autoría del homicidio de quien fue cercano colaborador. “Más importante es recordar el legado de Colosio que hoy se hace realidad en las reformas del Presidente EPN”. O sea: Colosio pretendía reformar la Constitución para permitir la inversión extranjera en hidrocarburos; eliminar salvaguardas de los deudores bancarios y de todo tipo para permitir cobros relámpago de garantías; centralizar la educación y eliminar en la práctica toda injerencia del SNTE y acotar drásticamente derechos de maestros; rebajar en las leyes secundarias el alcance de una reforma en telecomunicaciones; reducir a 35 por ciento las pensiones del IMSS; y permitir la descomposición biológica del suelo agrícola de México y la esclavitud a cultivos transgénicos mediante la reforma al campo que viene.

El guión impostado no impide el cobro de facturas políticas. El también diputado federal Héctor Gutiérrez de la Garza afirma con pretendida candidez que: “Habría que preguntarle a Zedillo porqué se alejó tanto y lo único que llegó a su mente fue haber entregado la banca y los ferrocarriles”. En la defenestración Gutiérrez no repara en su monumental lapsus antipatriótico. Es cierto, Zedillo “sólo entregó” la banca y los ferrocarriles, no como los priistas actuales que además regalan el petróleo, las finanzas, la educación, las telecomunicaciones, el campo, y lo que se les pueda ocurrir. ¿Ideario de Colosio o de Salinas?…

Y como siempre, los cabos sueltos… la madre de Aburto que no reconoce como su hijo al que está tras las rejas… las pruebas que decían tener Guillermo Hopkins, Samuel Palma y otros sobre la participación de Salinas en el suceso… aquel Señor de los Cielos (ya con Zedillo pisándole los talones) señalando al comentarista Pedro Ferriz de Con, a una fracción del narco y a Echeverría como los autores detrás del asesinato… a la nomenklatura del PRI a la que el mismo Salinas acusó… la desatención de Manlio Fabio Beltrones a la sazón gobernador de Sonora, sobre el informe de su procurador Cota Montoya a quien el agente de la DEA Gárate Bustamante, alertó sobre un posible atentado previo a que ocurriera. Ciento veintinueve mil pesos diarios que promediaron las investigaciones no descifraron las interrogantes.

Mucho menos abordarían el móvil político: un Colosio que en su pensadísimo discurso del Monumento a la Revolución (y no por menos ahí), decepcionado de su tutor por la perversa ambigüedad mostrada a su candidatura luego del protagonismo camachista en la rebelión zapatista, emergía entre líneas con fuerza propia, y para intereses nacionales y extranjeros podría no garantizar la continuidad del neoliberalismo salinista que sepultaba al nacionalismo revolucionario, a la separación Iglesia-Estado, al ejido, al Estado benefactor, al petróleo como recurso estratégico de la nación, para implantar el feroz capitalismo salvaje de hoy. Suficiente para eliminarlo.

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