Entre pares

Capo en desuso

La captura del "Chapo" parece más bien la zaga de unos de esos capos abandonado a su suerte.

En la parafernalia mediática que sigue a la captura del Chapo Guzmán por marinos que ¡¡desobedecieron y rebasaron las órdenes del Presidente de la República!!, su comandante supremo, de descartar vínculos con la DEA, sobresalen las elegías al régimen peñista, merecidas o no, bajo una lógica justiciera del viejo oeste —narrada en tono de épica— sobre la vida y caída de un most wanted que un gobierno eficaz atrapa (¿o debería decirse recoge?).

Sin embargo, en el análisis los puntos menos esclarecidos de la captura muestran cómo se refuerzan los mitos en boga sobre los operadores del narcotráfico. La paradoja más visible es vender a la opinión pública, individuos de dudoso coeficiente intelectual, vulnerables a emociones parentales y de pareja (al Chapo de los dos mil asesinatos autoatribuidos, se le atrapa porque no puede dejar de ver a sus gemelas y a su mujer antes de esfumarse), individualizados como superdotados amos y señores de vastos imperios que manejan miles de millones de dólares anuales y trasiegan internacionalmente toneladas de narcóticos sin apenas ayuda de una sola computadora portátil o de una tablet siquiera. El sistema los expone hasta como miembros elite de los millonarios de Forbes pero al atraparlos se exhiben con magras pertenencias económicas y logísticas, y frágiles dotes de carácter en relación al poderío con que los presumen.

Presentaciones así refuerzan mitos del imaginario colectivo: son delincuentes que, se dice, por sí mismos detentan el poder criminal que les atribuyen. La realidad presumible puede ser otra y poco revelada. Cabe suponer que otras instancias (secretas, políticas, empresariales, militares, policiacas y hasta bancarias) son las que se los otorgan en complicidad. Son los verdaderos detentadores de ese inmenso poder criminal.

Los capos visibles en cambio, se puede especular con razonable certeza que aun multimillonarios si se quiere, sólo son los jefes visibles de las gavillas de sicarios. Operadores con relativa autonomía, poderosos, sádicos y abyectos sin duda, pero no necesariamente los últimos o únicos patrones.

Para sobrellevar con éxito una operación comercial transnacional de esa magnitud y naturaleza se requieren entidades empresariales de altísima eficacia con expertos en embarque multimodal, con dominio de dos o más idiomas extranjeros, con habilidades superiores de gestión. Es difícil concebir de otro modo la administración de la cuantiosa renta que producen. Podría incurrirse en un exceso de candidez creer que sólo es cuestión de catapultar droga al otro lado del río Bravo y distribuirla a toda la Unión Americana vía los encargados (que curiosamente nunca son estadunidenses, o si llegan a aparecer como tales sólo son pushers callejeros o narcomenudistas de poca monta. Allá no hay cárteles, reza el script).

Muertos o atrapados que ya han sido los principales cabecillas históricos del narco en México, el relevo generacional que viene hará más evidente la sofisticación de la organización que a manera de holding han adoptado estas organizaciones criminales.

En este contexto, la captura del Chapo parece más bien la zaga de unos de esos capos abandonado a su suerte. El sistema que alguna vez lo puso al frente, ante su desgaste y el cambio que viene de paradigmas (los opiáceos como nuevo petróleo verde mexicano una vez legalizados), debió tomar providencias para su descarte. Lo evidencia el patético escenario de su última morada libre: con raquítico mobiliario, con un solo guardaespaldas, una cocinera y una niñera, su mujer en la alcoba y él refugiado en el baño como infante asustado. Menudean presunciones de entrega pactada.

Y para no desentonar con un final antológico de película de los hermanos Coen, el secretario de Gobernación (quizá por jurisprudencia propia) declara que la señora Guzmán fue absuelta en el acto “porque no tenía absolutamente nada que ver” bajo el legalismo que no había averiguación en su contra (gracia que muchos detenidos por sospechosos quisieran gozar) y dejada en libertad inmediata junto con el personal de servicio al igual que a las criaturas (¿no debió el DIF encargarse de los menores?).

Las secciones omisas del parte oficial permiten imaginar una escena final delirante. Al tiempo que los drones de la DEA alzan el vuelo para regresar a EU luego de haber espiado en territorio nacional, la esposa del capo más famoso del mundo y sus asustadas mucamas salen llorosas del que había sido su escondite al malecón mazatleco en ligeras ropas de dormir con los bebés en brazos, espantados y somnolientos; presurosas la mamá y las nanas abordan con rumbo desconocido una pulmonía (taxi turístico de Mazatlán) y se pierden en la bruma de la mañana bajo la mirada conmiserativa de los georreferenciados marinos que acaban de atrapar al Chapo. Uno de ellos dice a otro: “Le alcancé a dar cincuenta pesos porque ni para el taxi traía. Pobre vieja”.

gcolin@mail.com