Entre pares

De "Bronco" a "pony" de feria

Ya es de anécdota la transición de un Bronco altivo reducido a un minicuaco de juguete. Se vocea en la prensa y se ilustra en la propia publicidad del primer año de labores del gobernador de Nuevo León. Y el “¡Quiubo!” que acompaña a la imagen es a la vez mal disimulado reclamo campirano a la crítica, por ceguera frente a toda su obra que él supone es magna y evidente.

La caricaturización en curso de sí mismo parece hechura de su mánager de cabecera (el publicista Guillermo Rentería), más reconocido por mal gusto que por sus dotes para proyectar una imagen convincente de los positivos de Jaime Rodríguez.

A su evento político-social en el Pabellón M, los invitados que suponían iban a una versión light del Informe no caben en su asombro asistiendo a un show-político-cómico-musical. Menudean los numeritos kitsch más propios de un escenario vespertino de TV infantil mediocre, donde sólo habrían faltado globos y piñata. El papel de conductor corre a su cargo y no podría decirse que no se divirtió con la parafernalia entre política pueblerina y bis teatral de comedia con la que se regaló.

Hubo pastel con velita de un año, niños alrededor tomándose la foto, un personaje alusivo (Tronco) que nadie se explicó, y un grupo fara-fara mal fajado y de botas desaseadas. Sobran motivos para sentir la pena ajena entre la concurrencia regiomontana y del país (que como quiera reunió a algunos personajes notables).

Pero si la imagen proyectada fue de una calidad que dejó mucho qué desear, los contenidos del Primer Informe distaron mucho de evocar algo diferente. De entrada, con ánimo más de pugilista que de gobernante, quiso ser novedoso cuando habló de la primicia de un debate con el Legislativo sin que el formato o sus datos lo permitieran. Devino luego su comparecencia en bravuconadas de callejón con los diputados (“a ver, vamos a una encuesta tú y yo, ándale, a ver qué dice la gente”), rubricadas con retos de bullying de secundaria, sin faltar los patrocinios a sus investiduras, disfrazados de autoelogio (“los felicito porque son los primeros que no tienen que obedecer los dictados del gobernador”).

De los anuncios políticos que pretenden ser de gran calado (la requisa de Ecovía y la clausura de las pedreras) pronto se descubre que tienen más de papalotes al aire que de políticas públicas ancladas en normas y reglamentos preparados ex profeso para dar continuidad a los anuncios hechos. En realidad fuera de lo proclamado, las trituradoras de piedra por un lado se dicen clausuradas, pero por otro permanecen abiertas y no se observa cese de actividad. Y ya asoma la argucia que vendrá: “Pronto veremos a qué se pueden comprometer en plazos que se fijen en consenso con las autoridades”.

Dilucidar lo que espera a Nuevo León de este Gobierno en adelante, es una segura apuesta pactada. Dice El Bronco que se irá a buscar la Presidencia de la República sólo si cumple con NL, lo cual es un silogismo tramposo. Obvio es que el gobernante en la tesitura nunca confesará de manera políticamente suicida: no cumplí las expectativas y me quedo a cumplirlas. Por eso Rodríguez Calderón en realidad lo que avisa es que ya se va, previa declaratoria de haber cumplido, documento que en caso necesario él mismo se expedirá.

Menos cuando, después de las tres horas diarias que dedica a Facebook (que es cuando en adelante puede “echar hueva según dicho por él mismo), su pasatiempo es fijar plazos arbitrarios: 60 días para reducir en un 15 por ciento la inseguridad. O parir argumentos mañosos: “Se han incrementado los índices de criminalidad en buena parte porque la gente ahora tiene tanta confianza en la procuración de justicia del Gobierno de El Bronco que acude en masa a denunciar ilícitos, cosa que antes no hacía. Por eso se han disparado los índices de criminalidad. Pero en realidad, robos, secuestros y homicidios han ido a la baja”. Realidad a la carta es lo que sigue.

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