Entre pares

"El Bronco" pierde los estribos

Pocas veces podría ajustarse tan bien un dicho coloquial al personaje aludido, como en los arrebatos que manifiesta en público el gobernador de NL al término de su errático primer año de mandato. Mientras tanto, con excepción del lisonjero alcalde de San Nicolás, la mayoría casi unánime de la clase política del estado se muestra altamente crítica de los decepcionantes resultados.

Es del todo paradójico que pierda los estribos un gobernante que ha moldeado para sí la viva imagen de un vaquero norteño “echado pa’ delante” y metido a la política por profilaxis, perfil de un jinete justiciero que a los corruptos persigue y a los políticos partidistas repudia, aunque en la realidad se ha visto pusilánime o haciéndose de la vista gorda.

Un Bronco, rudo y elemental, con tequila de marca propia y caballo Tornado como accesorios, que ya no puede reaccionar de otro modo a sus críticos más que con exabruptos, como advertir al jefe de la bancada opositora del PAN en el Congreso local que habrá de “ponerlo en su lugar”.

Las amenazas ni tan veladas corresponden a un estado de exasperación del gobernante que ve etiquetarse en la opinión pública, toda su gestión con un indeleble cobijagate, en alusión al fraude al erario por la compra a precio alzado de supuestas 200 mil cobijas (que nadie vio ni conserva registro oficial y fehaciente de ellas).

Su desesperación es concomitante a su desdén por las formas y su afición a la corrección de yerros al vapor que sólo los agravan. No prevé, ni él, ni su equipo, que la fatalidad política pudiera estar a la vuelta de sus tejes y manejes, y en un tris volver causa penal el manejo patrimonialista que hacen de la administración pública, donde hasta anuncian licitaciones una hora escasa antes de otorgarse.

Sin casi ningún soporte jurídico, de modo personalísimo, personajes de primer nivel de su administración, de la noche a la mañana, modifican cuestiones tan graves como sanciones impuestas sin fundar legalmente sus procederes y sus mudanzas de opinión. Les da igual que con tan sólo anunciarlo como una “equivocación involuntaria”, una sanción de 7 mil pesos se transforme en otra de 274 mil, para luego venirse a encontrar de cara con la ley que el monto mínimo punitivo debió ser por lo menos de 60 millones de pesos.

Jaime Rodríguez inmerso en su mundo, pretendidamente ajeno a este entorno adverso hasta la patología, se proyecta en sus delirios políticos como candidato presidencial en las elecciones federales del 2018. Para merecerlo se palomea como de costumbre con su ábaco personal que comprime seis años a uno: “Ya cumplí 23 de 27 compromisos… Por eso puedo decir que cumplí y me voy”.

El gobernador Rodríguez evidencia así la rusticidad de su ideario, que está hecho de tareas como a quien falta limpiar el parabrisas del auto, lavarle la tapicería o cambiar el tapón de gasolina que chorrea. No hay capacidad para concebir conceptualmente un plan de Gobierno integral. Por eso, por ejemplo, anuncia como un gran logro que el Festival Cultural de Santa Lucía, uno de los más importantes del noreste, trae eventos “bien fregones”. No hay ninguna correlación entre cultura, sociedad y su Gobierno. Es entretenimiento. Punto.    

Pesimista sobre sus récords, la mediocracia de Monterrey a diario le recuerda, en todos los tonos, sus gruesos incumplimientos, como dejar a los maestros sin incrementar sus percepciones y trastocar sus reglas de adscripción, cancelar a medias Monterrey VI, requerir ingresos insuficientes a la Federación, mantener sin reducción el impuesto sobre nóminas, no haber logrado el encarcelamiento por corrupción de ningún personaje de la pasada administración, haber puesto fin al subsidio dominical del Metro y no remover a cuestionados miembros de su ineficaz Gabinete.

En su entorno más cercano se da por un hecho que la decisión de ir por la candidatura presidencial en el 2018 está tomada. Idealmente –si el cobijagate o sus secuelas no avanzan y carcomen sus planes– Jaime Rodríguez se va el próximo año y dejará vacante el puesto que hoy ocupa.

Más allá de la suerte que tenga, su paso por la gubernatura de NL habrá sido ante todo una anticlimática, efímera y folclórica aventura política que dio lugar al primer gobernador independiente de la historia contemporánea del país. Nada más.

gcolin@mail.com