Entre pares

De 'Bronco' a cartujo

Más allá de la estratosférica deuda estatal, del quiebre de las finanzas gubernamentales, del apremio angustiante por la nómina navideña de maestros y burócratas, dos temas saltaron de improviso a la agenda pública de NL involuntariamente puestos a debate por El Bronco, y al parecer ambos destinados al fracaso por improcedencia notoria como se dice en los juzgados.

En uno, el código de vestir para los y las burócratas nuevoleonesas, impulsado por el gobernador Jaime Rodríguez, revela no sólo una veta de discriminación sexista en su gobierno, sino también refleja cierta ociosidad del gobernante que al no tener asuntos más importantes en los que ocuparse, prefiere divagar sobre cómo debe ser la vestimenta de las y los servidores públicos en Nuevo León,

Con minuciosidad excesiva y acaso morbosa, en un comunicado oficial interno se describe al detalle qué prendas deben evitar sobre todo las servidoras públicas al acudir a sus labores. La minucia, sin embargo, no abona a la claridad. Por ejemplo, a las mujeres se les pide no acudir a trabajar con blusas "llamativas", pero no se establece a los ojos del cartujo lascivo que lo escribió, exactamente qué prenda se ubica en ese criterio y menos se explica desde cuando una "blusa llamativa" de mujer es sinónimo generalizado de prenda descocada o impropia. Y ya entrados en la lógica del censurador: "llamativa" ¿dónde?, ¿en el cuello?, ¿en el escote?, ¿en el pecho?, ¿abajo del ombligo?, ¿o simplemente "llamativa" en general?

Asimismo solicita a las damas tampoco usar vestidos "estraples" castellanizando con un barbarismo lo que de suyo es un anglicismo: strapless o prenda sin tirantes. Ortografía y pochismos aparte (se prohíben "los legins" y prendas ajustadas también), el empeño parece más censurador y morboso que propio de un código de vestir que simplemente enunciara, como sí lo hace para los hombres, únicamente "vestir con propiedad".

La indefinición anida por doquier en la mente del censurador que mal redactó este código medieval para Nuevo León, ya que se permite asimismo regular hasta el calzado de las burócratas y "prohibir" aquel de plataformas "extravagantes". ¿A partir de cuántos centímetros o formas, los tacones o las plataformas de unos zapatos femeninos son "extravagantes" para el Gobierno del Estado? ¿Qué sigue? ¿Publicar las normas en el Diario Oficial?

El problema deja de ser anecdótico cuando el propio gobernador anuncia que realizará visitas periódicas a los centros de trabajo gubernamentales para verificar que se cumplan sus disposiciones. Resulta patético el empeño de un gobernador que, de esta manera, hace de sí mismo un supervisor de prendas de vestir.

El otro tema semeja aquél que se cuenta de un personaje que escucha las campanas repicar pero no sabe dónde es la misa. Así de botepronto, El Bronco retomó el tema que está planteando el ministro Zaldívar en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, relativo a una probable despenalización de la mariguana para el consumo lúdico individual, desde la óptica de los derechos humanos. Y el gobernador Jaime Rodríguez lo caricaturiza como un asunto de liberación total e indiscriminada de todas las drogas para consumo humano, lo que desde luego es un despropósito muy lejano a la tesis que propone el ministro Saldívar.

Evidentemente el gobernador puede y debe emitir sus opiniones en temas trascendentes para el país, pero lo menos que se le puede pedir, tratándose de la importancia de un estado como Nuevo León, es que sus asesores (vestidos o no como le gustaría verlos a todos), esté mínimamente informado en aquellos temas sobre los que se pronuncia.


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