Entre pares

Augurios terribles

Lo que se omite es la pretensión real: compartir gratis la renta petrolera con las trasnacionales extranjeras.

Poco propicios son los nublados tiempos mexicanos que envuelven de bruma gris los últimos días del año.

El régimen del presidente Peña Nieto parece decidido a dar carpetazo a todos los nubarrones ayotzinapecos con una andanada de burbujas de oropel publicitario, empecinado de vuelta a la pretensión de regresar a la agenda pública la reforma energética, antes que aclarar qué fue a ciencia cierta de los 43 normalistas desaparecidos y los demás restos desmembrados de las innumerables fosas que sus familiares han encontrado a lo largo del viacrucis de búsqueda.

Al mismo tiempo se revelan expedientes de horror semejante, vegetativamente abiertos en todo el país, como los recién recuperados hechos sucedidos en Allende, Coahuila, en 2011 y en donde el número de ejecutados oscila de forma macabra y según la fuente que se consulte, entre 28 y 300 asesinados por la delincuencia organizada con la colaboración también de la policía municipal a plena luz del día. 

Pese a ello la desenfadada gerencia de Los Pinos retoma festiva (y quizá debiera decirse que retribuye servicios mediáticos y editoriales) en costosísimos desplegados a plana entera, donde —bussiness as usual— la reforma energética con histrionismo simplificado y en apariencia casual (“leí que con la reforma energética…), se vuelve una forma” de preservar el medio ambiente”, o asunto de entendidos: “investigué más de la reforma energética y con este nuevo modelo (sic), conoceremos de manera transparente cuánto cuesta extraer el petróleo, cuánto obtenemos por él y qué se usan estos recursos”…

Demagogia extrema que no dice, si esa era el propósito ¿qué tiene de estructural? Y si sólo para eso se requería ¿por qué entonces hubo necesidad de modificar el régimen constitucional de propiedad de los hidrocarburos, si para saber lo que la propaganda proclama bastaba con la actual Ley de Transparencia?

Lo que se omite es la pretensión real: compartir gratis la renta petrolera con las trasnacionales extranjeras. Quizá porque entre los horizontes ennegrecidos que se observan para México desde el actual (des)gobierno mexicano, se teme que ni eso se cumpla. Ya por ello se preparan ajustes a la Ronda 1 de subastas del petróleo mexicano para hacerlo más atractivo aún al cártel petrolero internacional. Sin rubor especialistas que a todo aplauden afirman que probablemente el 75% reservado a la propiedad nacional deba reducirse sólo hasta al 50% para que resulte atractivo a los inversionistas en el contexto del precio del barril de petróleo a la baja.

El desliz imprevisto es de por sí una omisión imperdonable de inteligencia financiera y comercial de cualquier gobierno nacional que se precie de serlo. ¿Cómo nadie en el peñismo (Enrique Videgaray, Ildefonso Guajardo et al), ni los cientos de asesores de diputados y senadores priistas, pudieron prever como asunto de seguridad nacional que el precio del barril de petróleo estaba por derrumbarse en cuestión de semanas y eso hacía menos aconsejable una reforma energética como la fatalmente emprendida por México?

La verdad es que asoma por doquier la inopia cultural, educativa y de capacidad de gestión gubernamental que adolece la clase política del peñanietismo y sus tristes aliados de derecha PAN, PVEM) e izquierda (PRD).

Quizá por ello mientras en el país el peso se devalúa, la economía no da para más, y en Guerrero se cierra y se da por perdido el semestre escolar ante las extorsiones y las amenazas del crimen organizado, la nación da tremendos bandazos en la tormenta de la indignación pública.

Pero como si nada de esto sucediera, sin venir al caso y en el foro menos indicado (la Cumbre Iberoamericana) el presidente Peña Nieto, cual si fuera pertinente edificar nuevas capillas de adoración pública y no hubiera más a qué dedicar su atención, dirigió la lisonja interesada más ridícula de su sexenio al declarar que “Televisa es orgullo de los mexicanos” sin que nadie sepa dar razón de dónde sacó eso, o a qué caso viene en el contexto de la crisis política que se vive. Duros tiempos para México con una dirigencia nacional de rasgos alarmantemente esquizoides.

gcolin@mail.com