Entre pares

Anarquistas y barrenderos sociales

Algunos de estos adalides del anticaudillaje han surgido o se retroalimentan desde las clases medias y altas regiomontanas.

Vociferante y anatemizadora, la guerrilla solía reclamar para sí varios monopolios, además del obvio de la fuerza que le disputaba al Estado constituido. Entre otros estaba el de reivindicar mecánicamente el artículo 39 constitucional y proclamarse en consecuencia investida de un poder popular que asume su radicalidad y va con todo en contra del sistema establecido.

Ya no están solos los grupos armados en esa tarea. Lo interesante es que actualmente hay ONG (que se irritan si no se les denomina organizaciones de la sociedad civil) las que sin apenas darse cuenta retoman y hacen propia en los dichos y en los hechos la famosa frase de AMLO: “Al diablo con las instituciones” a pesar de que despotrican contra “las lacras amarillas” y contra “Morena” o para el caso contra cualquier otro partido.

Ver para creer: algunas tienen como singulares portavoces a verdaderos linchadores verbales de la clase política sin distingos, que se auto otorgan a manera de currículo personal fundamentalismos de pureza inexplicable. Uno de ellos describe como su oficio: “barrer la basura de México”, si bien no detalla cómo la encuentra, y quién o quiénes le compran sus servicios por ejercer ese oficio. Estirando a su extremo la metáfora del barrendero social (invocada ya antes por fascistas, nazis, pinochetistas, o escuadrones de la muerte), cabría preguntar de qué manera desechan la basura o si en sus planes está reeducarla a la manera maoísta.

Algunos de estos adalides del anticaudillaje pero que en sí mismos se asumen caudillos de la sociedad civil (a su modo unas autodefensas sociales), han surgido o se retroalimentan desde las clases medias y altas regiomontanas. Con un discurso empalagado desde la derecha, con frases fáciles que hacen mella en auditorios ya predispuestos a todo lo que sepa a política, leyes e instituciones a las que rechazan por putrefactas, pretenden empoderamientos civiles pero en términos de la lógica empresarial que reconvierte a México en una empresa y al ciudadano en patrón de autoridades que sólo son empleados.

La metáfora del gobierno como empresa se fractura en cuanto se hace evidente que instrumentalizar una relación entre gobernantes y gobernados no todo lo resuelve, porque justamente el otorgamiento del poder ciudadano conlleva una investidura (la creación de la persona pública y del orden jurídico) que es preciso respetar mediante la observancia del Estado de Derecho (parafraseando de algún modo que les sea digerible el contrato social Rousseauniano) y que no se agota en la administración de los servicios primarios que demandan las comunidades.

Todo acto de gobierno conlleva una intención que en última instancia es ideológica. Mantener la paz social y las comunidades funcionando son extremos de una acción político-ideológica: el para quién y el cómo se gobierna, habida cuenta de las desigualdades e injusticias sociales que el sistema conlleva.

El altísimo grado de corrupción, impunidad, descrédito acumulado e ilegitimidad alcanzada por gobiernos en apariencia democráticos ha sido de tal modo erosionador de la sociedad mexicana (con su incalculable déficit educativo, político y cívico), que hoy es caldo de cultivo absoluto para proclamas de anarquismo feroz donde el hartazgo legitima, y la muchedumbre enardecida a proclamas de ¡muera el mal gobierno!, celebra juicios políticos en plazas como Guerrero, donde un día el Movimiento Popular Guerrerense (con ligas al ERPI, FARP y EPR) somete a unos periodistas y sus esposas e hijos a juicio popular; y otro día puede estar, como ya sucedió antier, una de estas OSC celebrando idéntico juicio popular a los regidores de Ayotzinapa. Es difícil ver alguna diferencia.

*Por descanso de fin de año, esta columna reaparecerá el 8 de enero próximo. Felicidades al lector y gracias por su amable compañía durante el 2014.

gcolin@mail.com