Entre pares

¿Alienta el Tec un socialismo marxista?

No es imposible. Ya nada lo es. Menos en tópicos societales después del advenimiento de la era Trump. Tampoco se trata de alguna asignatura académica colada al currículo que ofrece el ITESM.

Es una interrogante que hace surgir la postura ideológica, recién publicada, del presidente del Tec de Monterrey, Salvador Alva, respecto a un nuevo modelo económico –uno con justicia social dirían los revolucionarios nostálgicos–, que él anticipa es mundialmente previsible y viable a corto plazo.

Lo imagina en términos mucho más radicales: “El mundo vive un proceso de transición del capitalismo: la abundancia compartida. En el mundo viejo primero tengo un modelo de negocio y después lo hago. El capitalismo funciona a través de la oferta y la demanda, entonces mientras más escaso sea el producto, más vale y todo el mundo lo quiere tener. En el nuevo modelo, los negocios buscarán resolver necesidades sociales de manera conjunta, haciendo más eficiente el uso de los recursos”.

Prosigue Alva en la descripción de la utopía histórico-materialista por la que el Tec impulsará a los emprendedores que educa. Tan nobilísimos ellos, que de manera casi filantrópica, serán los protagonistas inéditos de sacrificar utilidades con tal de lograr el bienestar social: “Los emprendedores nuevos, antes de hacer utilidades, lo que quieren es impactar a la humanidad, y después buscan el modelo para hacer el negocio. En un mundo de abundancia, las cosas van a estar disponibles, pero vas a utilizar solamente el pedacito que necesitas”.

Esta noción, esta transformación en rigor del modo de producción que visiona Salvador Alva, empata por milímetros –de manera sólo retórica por supuesto– con la que ya había anticipado el filósofo del comunismo Karl Marx desde 1845: “¡De cada cual, según sus capacidades; a cada cual según sus necesidades!”, reproducida desde entonces por cientos de miles de revolucionarios y líderes comunistas en todo el orbe a lo largo de la historia.

Marx preveía –como Alva parece coincidir– que “la sociedad podrá escribir en sus banderas esa proclama cuando con el desarrollo de los individuos crezcan también las fuerzas productivas y corran a chorro lleno los manantiales de la riqueza colectiva, y sólo entonces podrá rebasarse el estrecho horizonte del derecho burgués”.

Ese mundo de la abundancia que el presidente del Tec prefigura a la vuelta de la esquina está muy lejano a lo que el mundo actual exhibe, donde para empezar se cuentan por millones los miserables del planeta producidos justo por ese capitalismo que Alva ahora ve en bondadosísima transformación (inducida mágicamente por sí mismo se supone) hacia una Arcadia feliz donde “vas a utilizar solamente el pedacito que necesitas”. Cosa que se cuida de precisar: ¿quién será el árbitro que decida cuáles son las necesidades de cada quién? o ¿lo determinará algo análogo a una dictadura del proletariado?

Lo que pasa en realidad es que ya han salido a la palestra ideólogos de buró, como pudiera ser el propio Alva, para vacunar la contradicción brutal de que el neoliberalismo y su engendro la “dictadura del mercado” (que supuestamente se corregía solo) hayan sido abolidos en un santiamén con la llegada de Trump al poder. Nunca lo imaginaron.

Por eso ahora y en los meses por venir veremos confesiones cándidas: “…las desigualdades que ha provocado el capitalismo (¡y que lo diga un educador patronal como Alva!) generan enojo en la sociedad…” (¡vaya perogrullada!).

La estrategia de Alva, él mismo la descubre a continuación: “Por eso alguien que te da un discurso antisistema (¿podría ser AMLO por ejemplo?) es muy atractivo y no quiere que vayas a resolver esos problemas”. Entonces la contradicción se vuelve irresoluble: ¿el de Alva no es un discurso antisistema?

Convendría que el presidente del Tec difundiera este ideario neomarxista a los emprendedores indirectos de Cementos Chihuahua, o sea Cemex que a la vez también es copatrocinadora del Tec. La cementera chihuahuense acaba de anunciar que ayudará a construir el muro de Trump contra México, confirmando aquello de que el capital no conoce patrias ni fronteras.

“Es que no podemos ser selectivos. Tenemos que respetar a nuestros clientes a ambos lados de la frontera”, dijo su directivo Enrique Escalante. Pues claro. Qué capitalista –como lo recomienda Alva– va a dejar la utilidad a un lado aunque vaya contra la Patria. Eso es marxismo, comunismo moderno, ¿o no?  

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