Entre pares

Ahora el Episcopado cuestiona

¿Qué garantizará con la reforma fiscal que no puedan evadirse quienes se benefician de los recursos del pueblo?

Hacer preguntas directas al Presidente mediante cartas públicas se está convirtiendo en una forma peculiar de interpelar al gobierno de Peña Nieto, estableciendo a través de las mismas una implícita postura crítica sobre las recientes y mal llamadas reformas estructurales.

De entrada, debe decirse que esta tendencia señala un grave déficit democrático del país: no hay salidas de interlocución política para quienes (sean sectores de interés o simples ciudadanos) se formulan interrogantes de grueso calibre sobre el devenir del país.

No parece aventurado advertir en ello señales de que las representaciones populares no están funcionando como correas de transmisión ciudadana. Más bien en sus votaciones en el Congreso obedecen como ejecutores partidistas de líneas previamente establecidas (y negociadas) por sus cúpulas.

La respuesta, proveniente desde la más alta instancia a la que son dirigidas ha sido ambivalente hasta ahora.

Por un lado, desde el poder se simula que se responde a las interrogantes. En realidad se aprovecha mediáticamente la coyuntura para reiterar más de lo mismo con lo que ya la propaganda oficial satura a la sociedad sin acabar de convencer.

Es decir no se responde puntualmente a la elaboración y el contexto de las interrogantes, a menudo preciso. Mucho menos sigue a continuación alguna forma de debate social. Y desde luego las instancias políticas aludidas no se sienten emplazadas a formular ninguna especie de conclusión.

Lo más notable al respecto han sido contados editorialistas, peritos en la materia, quienes de motu proprio han recogido el guante y respondido sin ambages: las tarifas de energía eléctrica no bajarán como demagógicamente fue ofrecido, menos lo harán los refinados, por el contrario, Pemex perderá gruesos segmentos de mercado con la entrada de gasolinas de otras marcas.

Y el mayor problema que avizoran es que en efecto la reforma energética cambia de manera radical el usufructo de los bienes de la nación. Todavía se desconoce cómo se suplirá el 70 por ciento del presupuesto que hoy aporta la paraestatal mexicana al erario nacional, una vez que las transnacionales energéticas se lleven esa renta.

Por otra parte también se da curso a una mal disimulada campaña oficial de desprestigio de los cuestionadores para invalidarlos como interlocutores.

Fue notorio que pese a que Alfonso Cuarón (cuando el cineasta inició la tendencia ciudadana a preguntar los alcances de la reforma energética) en primera instancia lo que hizo fue responderle al Presidente que públicamente lo llamó “desinformado”, una multitud de jilgueros a sueldo (articulistas y cartonistas) satirizaron al cuestionador con argumentos frívolos; algunos tan banales como: ¿por qué Cuarón no se dedica mejor a seguir filmando y deja al Presidente gobernar? O bien, debido a la exposición mediática que recibió su cuestionario, otros se manifestaron “hartos” de él, como si esos ralos ejercicios democráticos causaran hartazgos.

No faltó la cuota del público internauta que invariablemente suman esos desvaríos de retórica sin lógica ni fundamento. Ridiculizar y descontextualizar el ejercicio ciudadano fue la tónica evidente hasta en un encabezado de un diario: “Cuarón no se baja de la nube“(por ser presentador en Cannes).

Pero las inquietudes críticas prosiguen. Ahora toman turno los obispos mexicanos agrupados en la Conferencia del Episcopado Mexicano  (CEM) quienes en su visita ad limina al Papa Francisco, le llevan el documento “Por México ¡actuemos!”, en el que externan a modo de preguntas, dudas y preocupaciones sobre las reformas política, energética, fiscal, educativa y de telecomunicaciones, y “de qué modo serán benéficas para los que han estado permanentemente desfavorecidos, o si serán una nueva oportunidad para aquellos acostumbrados a depredar los bienes del país” (Revista Proceso 18 de mayo, 2014).

¿Cómo superar las artimañas de los más poderosos para lucrar con el poder?, ¿qué garantizará con la reforma fiscal que no puedan evadirse quienes se benefician de los recursos del pueblo?, ¿qué hará que con la reforma energética los recursos del país se inviertan para superar los graves atrasos sociales?, y ¿qué garantiza que con la reforma en telecomunicaciones los monopolios sólo cambien de manos, con contenidos que seguirán definiendo los intereses dominantes?

Sin duda una crítica demoledora que enaltece al Episcopado por transmitir y hacer propias éstas y muchas otras inquietudes del pueblo mexicano en la hora actual.

gcolin@mail.com