Entre pares

¿Acabará Peña por entregar a México?

Trump obligó al presidente Peña Nieto a aceptar un trato lacayuno, si por tal se entiende aceptar órdenes como subordinado servil.

La primera entrega contemporánea del país al extranjero ya ocurrió vía el despacho de Hillary Clinton. Se sabe por varias voces acreditadas, sin que haya sido desmentida la especie, que ahí fue diseñada la Reforma Energética peñista para despojar a México de una de sus últimas riquezas.

La segunda, podría estarse consumando en estas mismas horas, por la ilusa e improvisada comitiva presidencial de aprendices (los titulares de la SRE y de la SE) que llegan a “renegociar” el TLC en Washington sin mediar notificación formal a nuestro país de parte de alguno de los otros dos estados que lo integran: EU y Canadá, país que ya ha declarado que amistad aparte, los canadienses dejan a México a su suerte. México por el Twitter trumpista se ha dado por enterado (no sin una pasmosidad increíble) de las políticas del enemigo declarado del país. Peña Nieto, sumiso, acepta ser llamado –ni siquiera en visita de Estado– a escuchar los dictados de Trump respecto a lo inaceptable: deportaciones masivas y pago del muro fronterizo. Trump, experto en humillación, añade a su contraparte mexicana: “El TLC lo renegociaré en su oportunidad”. Y sin dilación ordena construir el muro que jura que México habrá de pagar, días antes de que Peña lo visite.

En los preámbulos de la trampa impuesta a los mexicanos, Trump obligó al presidente Peña Nieto a aceptar un trato lacayuno, si por tal se entiende aceptar órdenes como subordinado servil de un superior. En una desastrosa llamada telefónica a Peña del entonces presidente electo de EU (llamada de la que da cuenta la columnista Sabina Berman en la revista Proceso de esta semana: “Videgaray es una bomba andando” p.41 22 de enero 2017), el estadounidense exigió a Peña que a Videgaray (“siempre estaré agradecido con él”), lo nombrara nuevo canciller mexicano porque solo con él trataría la relación bilateral y con nadie más. Peña Nieto, para los anales de las traiciones a la patria, aceptó sumiso y de manera implícita, se despojó de su investidura como jefe de un Estado soberano, abdicando de hecho la Presidencia de la República Mexicana a Luis Videgaray, nombrado por Trump.

No se trata de un rumor fantasioso de política ficción. El propio Luis Videgaray (para darse importancia seguramente) así lo refirió a un grupo de empresarios. El senador Barbosa del PRD antes ya se había referido tangencialmente al escandaloso antecedente, cuando a propósito del nombramiento de Videgaray comentó que éste “había sido palomeado en Washington”.

No pueden por tanto sino formularse hoy los peores augurios a la visita de avanzada a Trump de Luis Videgaray e Ildefonso Guajardo por la debilidad exhibida e improvisación que ha hecho gala el gobierno mexicano para reaccionar con estrategias y políticas públicas contundentes y no retóricas, al tremendo cambio en EU del paradigma del supuesto desarrollo de neoliberalismo global en el que desde el salinismo se metió a México con funestos resultados económicos durante los últimos cuarenta años. Hoy se pagan las consecuencias.

Merced a ese tratado, cuya disolución inminente se vuelve catastrófica para México, el país perdió soberanía alimentaria y casi desapareció su sector agropecuario, abandonó a su suerte el mercado interno y la industrialización propia, y se dedicó a atraer alguna inversión extranjera con el señuelo de los más bajos salarios. Del excedente de mano de obra (los migrantes mexicanos) se encargó la oferta de trabajo mejor remunerado en EU y los números macroeconómicos presumieron que las remesas al país eran de las primeras fuentes de ingreso de divisas nacionales, que junto con los ingresos del petróleo se dilapidaron en corrupción y deuda externa.

Los defectos estructurales del modelo saltan a la vista. México se volvió país maquilador de trasnacionales asentadas en su territorio, sin creación de capital propio. Adicionalmente lo desangró la absurda pretensión de asumirse con EU y Canadá, “región norteamericana” más que país independiente. Ello llevó a abandonar el nacionalismo secular y desproveyó a la nación de metas tangibles a las cuales aspirar en lo económico como en lo cultural. La identidad nacional se diluyó y el sentido existencial de la vida se esfumó para millones de mexicanos.

En esta oscura noche de su destino por la que la patria ya se encamina (con la ONU y la OMC demonizadas también), prácticamente sin países con los cuales reste comerciar, solo queda a México la opción de recuperar sus riquezas, abolir el pernicioso neoliberalismo y volver sobre las sinergias propias del pueblo mismo para sí mismo. Esto si antes no lo acaban de entregar por completo. Habrá que impedirlo.

gcolin@mail.com