Cruzando el Charco

Hay verdades, hay mentiras y hay estadísticas

Debido al atractivo de las estadísticas, el mundo de las encuestas mueve cada día más dinero. Las empresas especializadas en su realización se han convertido en auténticas malabaristas de la opinión pública. Sin mucho esfuerzo son capaces de mostrar que la población está a favor o en contra de cualquier tema.

Puede resultar sorprendente, pero las encuestas no se elaboran para conocer la opinión de la población, sino para influir sobre ella. Cuando una empresa, una organización social o un partido político encargan una encuesta, en lugar de explicar al encuestador lo que quieren preguntar, le explican lo que quieren oír.

Publicar una encuesta que asegure que tu producto es el preferido por los consumidores ayuda a generar confianza en los clientes. Pero no siempre se persiguen resultados positivos.

Para un partido político puede ser interesante, en determinados momentos, mostrar a través de encuestas que su rival va a alcanzar una gran victoria. Esto ayuda a movilizar aquellos votantes que de otra forma podrían quedarse en casa el día de las elecciones.

En un mundo donde cada vez nos cuesta más prestar atención a textos de más de 140 caracteres y donde los estímulos visuales se muestran brillantes y atractivos en nuestras múltiples pantallas, las estadísticas ganan relevancia. Son capaces de condensar en un titular y un colorido gráfico una enorme cantidad de información.Debido al atractivo de las estadísticas, el mundo de las encuestas mueve cada día más dinero.

Las empresas especializadas en su realización se han convertido en auténticas malabaristas de la opinión pública. Sin mucho esfuerzo son capaces de mostrar que la población está a favor o en contra de cualquier tema. Hasta pueden lograr demostrar que está a la vez a favor y en contra. Se trata de un arte que sigue unos pasos bien definidos.

En primer lugar, hay que elegir el universo del estudio, esto es la población de interés. Si se quiere hacer un sondeo electoral el universo será aquella parte de la ciudadanía con derecho a voto. Pero no es algo tan obvio como parece.

Por ejemplo, una encuesta sobre la mejor película de animación del año, puede diferir mucho según si se considera que el universo son los niños, los padres, los maestros, los críticos de cine o una determinada combinación de todos ellos.Una vez elegido el universo, se deberá escoger la muestra.

Como mayor sea la muestra, más se aproximará el resultado a la realidad. Pero a veces interesa publicar datos que se alejen significativamente de la realidad. En este caso, una muestra pequeña ayudará a obtener resultados distorsionados.

Y si el resultado no es el perseguido se puede repetir la encuesta cuantas veces sea necesario alegando que la muestra no era representativa del conjunto.Más allá de su tamaño, la muestra también puede ser fácilmente manipulada. El resultado obtenido en una encuesta sobre las horas semanales que los universitarios dedican al estudio variará substancialmente si se realiza en la biblioteca o en la cafetería de la universidad.

Es decir, que aun trabajando con el universo correcto, hay formas de obtener resultados muy diferenciados.Si el encuestador quiere que se responda negativamente a su pregunta, antes de realizarla someterá al encuestado a un largo y tedioso test. Éste, cansado de responder a preguntas banales, empezará a responder “no” a todo lo que se le pregunte para intentar agilizar el trámite. Esta técnica es todavía más efectiva si se realiza la encuesta en un momento en el que el encuestado tenga poco tiempo.

Es por este motivo que a menudo las llamadas para encuestas telefónicas se hacen a la hora de comer.Las empresas encuestadoras también tienen en cuenta el contexto en el que se realizan sus cuestionarios. Si se quiere demostrar que la población apoya a la inmigración, hay que hacer la entrevista después de la publicación de fotografías de inmigrantes que huyendo de la guerra han terminado ahogados en el mediterráneo.

El resultado contrario se obtendrá fácilmente si se realiza la encuesta después de un atentado yihadista.Pero sin duda, lo más importante son las preguntas. Para hacer una encuesta nunca se empieza haciendo la pregunta que se publicará.

Antes, se hacen una serie de preguntas trampa, que en realidad son argumentos camuflados que pretenden condicionar la respuesta final del encuestado.Los resultados pueden ser substancialmente distintos si se realiza la misma encuesta pero se hace con preguntas abiertas, con preguntas que permitan puntuar del cero al diez o con preguntas que solamente admitan una respuesta dicotómica.

Otra técnica muy utilizada es la de dar ideas por supuesto dentro de la misma pregunta. Por ejemplo, ¿cree usted que los crímenes de guerra cometidos por Rusia en Siria deberían ser condenados por la ONU? De entrada se está dando por hecho que Rusia ha cometido crímenes de guerra, cosa que condiciona sobremanera la respuesta.Pero la alteración de la opinión pública no termina con la realización de la encuesta.

Posteriormente los datos se “cocinan”. Es decir, se ponderan las opiniones de la población según el peso que en ella tengan ciertos perfiles. Por ejemplo, si el universo es la sociedad mexicana y en la muestra un 80% de los encuestados tienen entre 25 y 54 años, se puede reducir el peso de sus opiniones argumentando que solamente el 41% de la población se encuentra en esta franja de edad.

De la misma manera se pueden ponderar al alza o a la baja las respuestas de ciertos segmentos de la muestra argumentando que su condición de género, clase social, sector laboral, lugar de residencia, religión, inclinación política, nivel de estudios o raza, distorsionan la muestra.Así que, la próxima vez que vea publicada una encuesta, tenga en cuenta que no se trata de la descripción de la realidad, sino de un intento de influir sobre su opinión. 


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