Cruzando el Charco

La ruleta del Nobel

De entre todos los campos reconocidos por estos prestigiosos premios, el Nobel de la Paz es sin duda el más relevante. No obstante, las decisiones de su jurado han sido las más decepcionantes.

¿Imaginan a Leo Messi ganando un Oscar, a Harrison Ford recibiendo un Pulitzer o al Papa Francisco luciendo un Oro Olímpico? Parece algo bastante improbable ya que los jurados de estos premios actúan con rigor y coherencia.

Algunas veces sus decisiones no han parecido acertadas, pero la magnitud de los errores cometidos ni se asemeja a la actitud arbitraria que a menudo han demostrado los jurados del Premio Nobel.

Este año, el Nobel de Literatura se suma a la larga lista de despropósitos de estos premios. Sin duda Bob Dylan es un gran artista, pero su labor en el campo de la literatura es inexistente.Otras decisiones sorprendentes han sido las de galardonar con el Nobel a personajes como Egas Moniz por inventar la lobotomía, Johannes Fibiger por relacionar el cáncer con la falta de vitamina A o Fritz Haber por el desarrollo de gases y explosivos que se utilizaron en la I Guerra Mundial.

Mientras que grandes personalidades nunca recibieron el merecido reconocimiento. Entre ellos cabe destacar a los científicos Nikola Tesla y Rosalind Franklin, a los escritores Borges, León Tolstoi, Samuel Beckett, Virginia Woolf y Kafka o al pacifista Mahatma Gandhi.De entre todos los campos reconocidos por estos prestigiosos premios, el Nobel de la Paz es sin duda el más relevante. No obstante, las decisiones de su jurado han sido las más decepcionantes.

Anwar el-Sadat, egipcio de profesión militar, fue acusado de colaborar con los Nazis, escaló posiciones dentro del gobierno del dictador Nasser y tras la muerte de éste, asumió el poder. Durante su mandato el-Sadat reprimió con fuerza los intelectuales y disidentes.

Bajo la tutela de los EE.UU. firmó un acuerdo de paz con Israel, acto que le  permitió alcanzar el Nobel junto a su homólogo israelí Menahem Beguín. La entrega del premio se realizó pocos meses después que el Primer Ministro israelí invadiera el Líbano.

El mediador en el citado acuerdo de paz fue el Presidente estadounidense Jimmy Carter. Su aportación a la pacificación del mundo es loable y por ello recibió el Premio Nobel de la Paz en 2002. Entre los pocos errores que cometió Carter en política internacional se encuentra el de financiar, armar y entrenar a los muyahidines afganos para repeler la invasión soviética.

Gracias a este apoyo, los Talibanes se hicieron fuertes y Osama Bin Laden pudo crear Al-Qaeda. Es sorprendente que Carter recibiera el Nobel de la Paz un año después que su país invadiera Afganistán para destruir el monstruo que él ayudó a crear y que todavía hoy sigue haciendo temblar el mundo.

Isaac Rabin, Primer Ministro israelí, Shimon Peres, Ministro de Asuntos Exteriores israelí y Yasir Arafat, Presidente palestino, compartieron el Premio Nobel de la Paz de 1994 tras firmar los Acuerdos de Oslo.

Estos acuerdos permitieron rebajar las tensiones entre ambos países durante algún tiempo,  pero a la práctica no han sido más que papel mojado. Más allá de las posturas que justifican la gestión de los israelíes o de los palestinos, no cabe duda de que estos tres líderes tienen las manos manchadas de sangre.

En sus funciones como Consejero de Seguridad Nacional y Secretario de Estado de los EE.UU., Henry Kissinger tomó terribles decisiones en la Guerra de Vietnam y propuso la nefasta campaña de bombardeos sobre Camboya que contribuyó a fortalecer a los Khmers Rojos. En su mismo país notables personalidades públicas le han acusado de ser un criminal de guerra. Pero todo ello no le impidió ser galardonado con el Nobel de la Paz en plena Guerra del Vietnam.El premio de Kissinger debía ser compartido con Le Duc Tho, líder comunista vietnamita con un sinfín de atrocidades en su haber.

Pero por lo menos Tho tuvo la honestidad de rechazar el galardón argumentando que si bien había iniciado diálogos de paz con Kissinger, la guerra todavía seguía viva y esto le impedía moralmente aceptar el Nobel de la Paz.También Al Gore ganó el Nobel de la Paz.

Lo más sorprendente es que lo recibió por su activismo ecologista, algo que no tiene relación alguna con la paz en el mundo. Y más allá de este sinsentido, muchas de las ideas defendidas por este político estadounidense ni siquiera tienen base científica. Para colmo, cuando Al Gore fue Vicepresidente de los EE.UU. no aplicó ninguna de las políticas que después de perder las elecciones presidenciales se ha dedicado a pregonar.

Barack Obama fue investido presidente en 2009 y de inmediato se le otorgó el Premio Nobel de la Paz. El jurado del premio consideró que las promesas electorales de aquel político eran suficientes para reconocerlo como un gran artífice de la paz mundial.Al poco tiempo de terminar su segundo mandato, el legado de Obama está lejos de lo que prometió. Las tropas americanas siguen en Afganistán.

La guerra en Iraq se ha recrudecido. Su administración ha participado en la Guerra de Libia contra el mandato de la ONU. Guantanamo sigue activa. Crecen las tensiones raciales en todo el territorio estadounidense.

Y el mundo es hoy un lugar más peligroso debido a la mala gestión de los conflictos de la Primavera Árabe, del Mar de la China, del Báltico, de Ucrania, del Yemen, del Sudán y de Siria.A la vista de la inverosímil relación de galardonados con el Premio Nobel nos asalta la duda de qué criterios y qué información utilizan los jurados para fundamentar sus decisiones.

Es triste constatar que cualquiera puede ganar un Nobel sin importar si sus iniciativas son irrelevantes, plagiadas, desacertadas, criminales o si llanamente nunca ha tenido relación con ninguna de las disciplinas premiadas. Pero siempre hay que ver el lado positivo de las cosas: ¡Está usted más cerca de lo que pensaba de conseguir un Premio Nobel! 



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