Cruzando el Charco

La magia navideña del Tió

Pero de todas las extrañas costumbres navideñas que existen alrededor del mundo, creo que la que celebramos en mi tierra es la más curiosa y extravagante.

Se acerca Navidad y las casas y calles se llenan de adornos. Renos, campanillas, velas, figuras de Santa Claus, abetos, calcetines rojos, muérdago, muñecos de nieve, bolas de colores, bastoncillos de caramelos, figuras de galleta de jengibre y sobre todo mucha nieve. Desde luego, nada de esto tiene la más remota relación con el nacimiento de Cristo.

La mayoría de elementos decorativos navideños son vestigios de celebraciones precristianas para el solsticio de invierno en los pueblos del norte de Europa. Y es que, a pesar de la hegemonía del cristianismo sobre Europa durante diecisiete siglos, son muchas las costumbres paganas que de una forma más o menos genuina han logrado sobrevivir hasta nuestros días.

Algunas de estas tradiciones son de lo más particulares. Un claro ejemplo es el ritual del Mari Lwyd que se celebra en Gales. Consiste en un extravagante desfile liderado por un vecino que sostiene un bastón con un cráneo de yegua en su extremo. Una sábana blanca cuelga de la base del cráneo, de forma que su portador queda oculto. De esta forma se da vida a un mitológico fantasma que es acompañado en las calles por vecinos disfrazados de otros seres folclóricos.

La tradición popular noruega dice que en vísperas de Navidad, las brujas y los espíritus diabólicos merodean por los pueblos. Y para evitar que las brujas entren a su casa a robar las escobas, los noruegos las esconden antes que caiga la noche.

En Austria, los niños que se han portado mal no solamente se quedan sin regalos, sino que quedan a merced del diabólico Krampus. Se trata de un personaje terrorífico que se lleva a los niños en una cesta y los arroja a los abismos infernales.

La Befana es una bruja buena que deja regalos a los niños italianos. Se dice que cuando los Reyes Magos seguían su camino hacia el portal de Belén, se hospedaron en casa de la bruja Befana.

Agradecidos por el excelente trato que les dio, la invitaron a unirse a ellos en su viaje para adorar a Jesús. Pero Befana rehusó el ofrecimiento porque estaba demasiado atareada. Tiempo después se arrepintió de no haber partido con los Reyes Magos hacia Belén y desde entonces cada 5 de enero sale en busca del niño Jesús y deja regalos en todas las casas por las que pasa.

En Islandia, durante las trece noches anteriores a Navidad, unos pequeños nomos llamados Jólasveinarnir salen de sus escondites para dejar regalos en los zapatos de los niños que han sido buenos. Pero a los niños malos, en lugar de un regalo les dejan una papa.

Los árboles de Navidad de Ucrania son un tanto tétricos, pues están decorados con telarañas. La leyenda cuenta que una familia pobre solamente pudo permitirse un pequeño arbolito, pero no tenían con qué decorarlo. Durante la noche de Navidad las arañas que había en la humilde casita tejieron sus telarañas por todo el árbol. Y cuando en la mañana los rayos del sol iluminaron el árbol, las telarañas se convirtieron en hilos de oro y plata. Gracias a ello, la familia salió de la pobreza.

Pero de todas las extrañas costumbres navideñas que existen alrededor del mundo, creo que la que celebramos en mi tierra es la más curiosa y extravagante. Al acercarse la Navidad, en los hogares de Cataluña es tradición salir al bosque a buscar una cepa o un tronco grande, que recibirá el nombre de Tió.

Una vez en la casa, el Tió debe de ser colocado en un rincón del salón. A poder ser tiene que estar cerca de la chimenea para evitar que tenga frío. También es necesario taparlo con una manta gruesa ya que las noches de diciembre pueden ser gélidas.Después de cenar, los niños ofrecen comida al Tió. Galletas, manzanas, mandarinas, pan y chocolate son algunos de los manjares preferidos por este tronco que pasa a ser un miembro más de la familia. Por la mañana los niños comprueban satisfechos que durante la noche el Tió se ha comido todo lo que le habían ofrecido.

Es de gran importancia alimentar bien al Tió para que poco a poco vaya engordando. Pues tantas atenciones tienen como única finalidad que el 25 de Diciembre el tronco mágico cague. Sí, lo han leído bien. La cepa que tiene unas semanas comiendo y engordando bajo una manta al lado de la chimenea, tiene que cagar.

Para conseguir que cague, cada niño de la casa toma un bastón y todos a la vez golpean al Tió tan fuerte como pueden. Y mientras lo golpean repetidas veces, van cantando una canción que dice “¡Caga Tió, Tió de Navidad! (…)”.

Terminada la canción se pone fin al linchamiento del pobre Tió y los niños se retiran a una habitación para cantar villancicos y comer algún dulce mientras esperan ansiosos que la cepa haga sus necesidades.

Los mayores pronto avisan a las criaturas que de debajo de la manta del Tió empieza a salir mal olor. Los niños saben muy bien que esto es una señal inequívoca de que por fin el Tió ha hecho caca y corren excitados a ver el resultado de tanto cantar y tanto golpear.

Los niños levantan la manta y comprueban llenos de felicidad que en lugar de cagar heces, ¡el Tió ha cagado regalos! Acostumbran a ser pequeños juguetes, dulces y turrones, pues los regalos grandes los traerán los Reyes Magos la noche del 5 de enero.

Una vez desenvueltos los regalos que ha cagado el Tió, se puede repetir la operación tres o cuatro veces. Así que se vuelve a colocar la manta, se vuelve a cantar y se vuelve a golpear con fuerza al Tió hasta que queda exhausto de tanto cagar.Pero no piensen que aquí termina el infortunio del Tió. Esta cepa que ha recibido el cariño, calor y comida de la familia durante los días previos a la Navidad, una vez linchado y obligado a cagar hasta la extenuación, es arrojada al fuego. Y mientras las llamas convierten al pobre Tió en ceniza, la familia celebra felizmente la Navidad. 



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