Cruzando el Charco

¿Quién se llevó mi plata?

Actualmente es común que las élites compren a los políticos con sobornos para conseguir adjudicaciones fraudulentas de contratos públicos. Una vez conseguidos los contratos, inflan los costes para cubrir el dinero invertido en los sobornos y apropiarse de un buen pellizco del erario público.

Si hay un patrón inmutable en la historia de la humanidad, éste es el aprovechamiento por parte de las élites de la riqueza generada por las masas. Se trata de una constante que se remonta a nuestros orígenes más primarios.

En algún momento de nuestra evolución, el ser humano empezó a crear estructuras sociales que sistematizaban la extracción del fruto del trabajo ajeno.

Igual que tantos otros animales, los primeros humanos atacaban, robaban y asesinaban a comunidades vecinas para expandir su territorio, hasta que alguno de nuestros ancestros tuvo una idea revolucionaria. Se dio cuenta de que si en lugar de matar a sus congéneres los sometía, podría aprovecharse de su capacidad de generar riqueza.

El hallazgo de que someter a los pueblos vecinos salía más a cuenta que asesinarlos, se difundió rápidamente alrededor del mundo. La esclavitud fue la base del sistema socio-económico mundial durante milenios.

A medida que los pueblos empezaban a ganar ciertas libertades y la economía se dinamizaba, las monarquías europeas tuvieron que idear la forma para aprovecharse de la riqueza que generaba el pujante flujo comercial. Encontraron la solución en los monopolios. El monarca concedía a los nobles de su corte el derecho exclusivo de comerciar con determinados productos sin que nadie les hiciera competencia. Así, a través de la venta de productos con precios inflados los nobles podían extraer el fruto del trabajo del pueblo.

Lana, botones, cristal, ladrillos, cinturones, carbón, hierro, madera, jabón, arenques, pasas, sal, pimienta, vinagre, papel, velas y hasta setecientos productos fueron monopolizados en la Inglaterra del S.XVII.

Durante el siglo pasado, las potencias coloniales encontraron una elegante forma de robar la riqueza a los pueblos africanos. Viendo que los precios de los productos agrícolas sufrían grandes fluctuaciones en los mercados internacionales, les “invitaron” a vender toda su producción a las juntas de comercialización. En teoría, estas empresas se encargaban de gestionar de forma más eficiente el proceso de exportación y contribuían a suavizar las fluctuaciones de precio. Pero en la práctica sirvieron para monopolizar la compra de toda la producción nacional pagando a los agricultores menos de la mitad de su precio de mercado.

Lejos de terminar con estas prácticas, tras la independencia de las naciones africanas, muchos dictadores han seguido utilizando las juntas de comercialización para abusar de sus pueblos incluso más de lo que lo habían hecho los colonizadores. En 1985 el dictador de Sierra Leone admitió que a través de las juntas de comercialización lograba apropiarse del 90% de los ingresos de la agricultura del país.

Trujillo, el dictador que gobernó República Dominicana hasta 1961, expropió todas las industrias azucareras del país y las puso bajo su control. Creó así uno de los mayores monopolios azucareros del mundo. Pero otros monopolios que construyó a golpe de expropiación no eran tan rentables, por lo que decidió incrementar la demanda por imperativo legal. La aprobación de una ley que prohibía ir descalzo obligó a los más pobres a acudir a su monopolio de zapatos para gastar lo poco que tenían. El monopolio de la pintura también despegó gracias a una ley que obligaba a pintar todas las casas del país por lo menos una vez al año.

Otros tiranos no se andan con tantos rodeos. Mugabe, dictador de Zimbabue desde 1987, imprimió para sí mismo millones de billetes de la moneda nacional. Y como si esto no le bastara, en el año 2000 “ganó” la lotería del país.

Sin duda, la democracia, la educación y la libertad de prensa dificultan a las élites poder extraer la riqueza del pueblo con la facilidad mostrada en estos ejemplos. Pero las élites de las sociedades desarrolladas también han encontrado vías por las que aprovecharse del trabajo de los más débiles.

Actualmente es común que las élites compren a los políticos con sobornos para conseguir adjudicaciones fraudulentas de contratos públicos. Una vez conseguidos los contratos, inflan los costes para cubrir el dinero invertido en los sobornos y apropiarse de un buen pellizco del erario público.

Tráfico de influencias, parcialidad judicial y leyes a medida también son recursos utilizados por los poderosos para sustraer sutilmente la riqueza producida por la ciudadanía. Y desde luego que ni los europeos ni los estadounidenses están a salvo de esta triste realidad.

La UE destina cerca del 40% de su presupuesto a las subvenciones agrarias de la PAC. Oficialmente se trata de ayudas destinadas a subsidiar los agricultores europeos, incapaces de competir con los precios del mercado internacional. Pero los verdaderos beneficiarios son familias nobles y millonarias que tienen enormes extensiones de terreno agrícola que no tendrían valor alguno de no ser por dichas subvenciones. El 80% de las ayudas las perciben el 20% de los beneficiarios. El duque de Westminster, el hombre más rico de Inglaterra, ingresa más de medio millón de euros anuales gracias a la PAC, la reina Isabel II llega casi al millón y 10 de las familias más ricas de España se reparten cada año 185 millones de los impuestos pagados por los ciudadanos de la UE.

En los EE.UU. los prisioneros no tienen derecho a voto y son forzados a trabajar por sueldos que oscilan entre 12 y 40 centavos la hora. Encarcelar a gente se ha convertido en un negocio tan lucrativo que no extraña constatar que EE.UU. es el país con la mayor proporción de presos en relación a su población. Así es como en las cárceles estadounidenses 900.000 personas son explotadas como mano de obra semi-esclava.

Los amos robaron a sus esclavos, los reyes a sus súbditos y las élites de hoy siguen apropiándose de la riqueza generada por los ciudadanos. ¿Pero qué le voy a contar yo a usted, compañero mexicano?

Espero que la plata le alcance para llenar una vez más el tanque de gasolina. 



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