Cruzando el Charco

El dramático legado del “Yes We Can”

El sucesor de Bush ha sido el primer afroamericano en sentarse en el despacho oval, y sus ideales pacifistas, ecologistas y sociales enamoraron al mundo entero. Pero los cambios no se han dado en la dirección esperada.

Las biografías de los buenos presidentes se concentran en describir sus éxitos políticos, mientras que las de aquellos que no han sido capaces de protagonizar grandes hazañas se tienen que limitar a destacar su integridad personal, su afable vida familiar y su proximidad con el pueblo. A dos meses de terminar su mandato, Barack Hussein Obama empieza a diseñar el legado con el que quiere ser recordado. ¿Será la suya una biografía llena de contenido político o simplemente contará cuan buena persona es?

El sucesor de Bush ha sido el primer afroamericano en sentarse en el despacho oval, y sus ideales pacifistas, ecologistas y sociales enamoraron al mundo entero. Pero los cambios no se han dado en la dirección esperada. Obama ha conseguido incrementar el presupuesto de defensa en un 43% respecto el más alto firmado por Bush. Esto le ha permitido superar a su predecesor en número de países bombardeados. Mientras que el belicista Bush lanzó bombas sobre 4 países, el “pacifista” Obama ha conseguido masacrar 7 distintos países.

Tardó dos años en cumplir su promesa de sacar las tropas de Afganistán e Irak, movimiento que resultó ser un terrible error estratégico. Semanas después, Obama se vio forzado a dar marcha atrás y desplegar de nuevo sus soldados en ambos países.

Pakistán se ha convertido en el campo de pruebas de los drones militares contra la voluntad de su propio gobierno. Bajo el mando de Obama, los drones de EE.UU. han intensificado sus bombardeos sobre Pakistán, tensando las relaciones con este importante aliado.

El ejército de los EE.UU. también opera en Somalia, dando apoyo a un gobierno de “transición” que elude desde 2004 la obligación de convocar elecciones democráticas. El desorden que reina en el país está favoreciendo la expansión de Al-Qaeda.

Junto con Arabia Saudí, Obama libra una guerra para derrocar el gobierno del Yemen. El conflicto ha sumido el país en el caos, propiciando que Al-Qaeda se adueñe de las zonas devastadas por los bombardeos de la coalición.

Replicando la infame intervención de Bush en Irak, Obama empezó una guerra en Libia contra el mandato expreso de la ONU. Los motivos que ofreció Bush para su intervención fueron lamentables, pero al menos intentó justificar su violación de la legalidad internacional. En cambio, Obama ni se molestó en dar explicaciones. Y mientras Bush tuvo la decencia de ofrecer un juicio justo a Sadam, Obama permitió que Gadafi fuera ejecutado en plena calle.

En un intento de terminar con un régimen aliado de Rusia y China, Obama empezó a financiar la oposición Siria para que se levantara en armas. La estrategia ha sido un fracaso y como en Somalia, Yemen y Libia, los grupos afines a Al-Qaeda se han fortalecido. Finalmente los EE.UU. se han visto obligados a intervenir directamente en el terreno y a financiar a Al-Nusra y al PKK (organizaciones que el Pentágono clasifica como terroristas) para intentar derrocar a ISIS y al gobierno sirio a la vez.

Algo parecido ocurrió en Ucrania, régimen aliado de Rusia. El apoyo encubierto de la OTAN para que este país se integrara a la Unión Europea derivó en una guerra que todavía hoy sigue sin resolverse. La maniobra de las potencias occidentales ha fracasado y Rusia se ha anexionado Crimea.

Obama apoyó la Revolución Árabe fingiendo defender la lucha en favor de la democracia y los derechos humanos. Sin embargo, este apoyo se limitó a las revoluciones que pretendían derrocar regímenes poco colaborativos con EE.UU. En el caso de Bahréin, notable aliado estadounidense, los revolucionarios fueron duramente reprimidos y el régimen se mantuvo.

La administración Obama ha tensado las relaciones con China militarizando el Mar de la China, pero una vez más la estrategia parece ser una chapuza. El Presidente filipino, aliado imprescindible de EE.UU. en el sureste asiático, anunció la semana pasada que retira su apoyo a los estadounidenses y que se pone del lado de China.

El intento de derribar el Presidente elegido democráticamente por los turcos también ha sido un fracaso. Mientras EE.UU. se niega a entregar el líder golpista, Erdoganles ha retirado su apoyo y se ha acercado a Rusia.

Las relaciones con Israel y Arabia Saudí también se han visto perjudicadas debido a la permisividad con el programa nuclear de Irán. Obama tampoco ha sido capaz de frenar el desarrollo del arsenal nuclear de Corea del Norte.

El asesinato de Bin Laden es considerado uno de los mayores éxitos de Obama. Pero cortar la cabeza de la serpiente no ha sido una buena decisión para pacificar el mundo. Desde la muerte de Bin Laden, la fuerza de Al-Qaeda se ha extendido de forma imparable.

Otro gran error en defensa nacional ha sido la aparición de Wikileaks. Entre muchas otras crisis, la filtración masiva de documentos secretos reveló que el gobierno estadounidense intervenía los celulares de ciudadanos de todo el mundo, incluidos los de líderes aliados como la Presidenta alemana AngelaMerkel.

El biógrafo de Obama tendrá que esforzarse para obviar las tensiones raciales que han crecido peligrosamente bajo su mandato. Desde luego tampoco podrá hablar de la mejora de la huella ecológica del país o del cierre de Guantánamo, dos promesas incumplidas ignominiosamente.

Lo único que podrá sacar a relucir es un plan de salud que ha llevado al país a un endeudamiento sin precedentes, un acercamiento a Cuba que no se ha atrevido a rubricar ante la ONU y una recuperación económica que ha sido desigual y ha empobrecido a la clase media.

Quizás será mejor que el biógrafo se olvide de hablar de política e intente esconder todos estos fracasos detrás de la sonrisa amable y las bondades personales de Obama, estrategia que ha dado buenos resultados al equipo de prensa del Presidente durante estos ocho años de mandato.



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