Cruzando el Charco

La delicada situación de la democracia

Las democracias modernas apenas están saliendo del cascarón. De los 34 países que conforman la OCDE, 19 tienen sistemas democráticos constituidos hace menos de 70 años. De hecho, entre los miembros de la OCDE todavía se cuentan 9 monarquías.

La democracia es sin duda el mejor sistema de organización social que la humanidad ha logrado diseñar. Al ser el pueblo quien ostenta el poder, se facilita que la mayoría de la ciudadanía se asocie para defender sus intereses frente a las élites económicas, nobiliarias o religiosas.

Y con ello las clases populares evitan ser abusadas por las privilegiadas.No obstante, que los gobernantes sean elegidos por el pueblo no es garantía de nada.

A lo largo de la historia han existido sociedades organizadas bajo principios democráticos que distaban de proteger al pueblo de las élites gobernantes. En la antigua Atenas, el derecho a voto se reservaba a los hombres, adultos, libres y nativos de Atenas.

A la práctica, apenas la mitad de la población podía participar del proceso electoral. Situaciones similares se vivieron en la República Romana y en sociedades de la antigua India.Fue a finales del Siglo XVIII cuando, a raíz de la Revolución Francesa, se promulgó la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, se alcanzó el sufragio universal masculino, se institucionalizó la separación de poderes y se prohibió la esclavitud.

Igualdad, libertad y fraternidad pretendían ser los principios sobre los que construir la primera democracia moderna, pero su puesta en práctica convirtió al país galo en un infierno que en nada se parecía a los ideales perseguidos. Francia solamente tardó 15 años en arrodillarse de nuevo bajo el yugo de un emperador.

Durante el mismo período, las trece colonias británicas de Norte-América se unieron y declararon su independencia. Los Estados Unidos de América nacieron de acuerdo con principios muy parecidos a los de los revolucionarios franceses.

Sentaron las bases para desarrollar conceptos tan modernos como la igualdad de oportunidades, la libre competencia, la libertad de credo, la separación de la Iglesia y el Estado, la prensa libre, la elección popular y la sujeción de los cargos electos a mandatos limitados.

No obstante, las mujeres quedaron excluidas del sistema democrático. Y lejos de terminar con la esclavitud, el nuevo país pasó a ser el mayor comprador mundial de esclavos.

Cuando observamos la precariedad e injusticia que azotaron el mundo de nuestros antepasados, nos sentimos orgullosos y privilegiados de vivir una realidad que para tantos antes que nosotros fue un lejano sueño.

Tenemos una democracia, unas instituciones y una cultura que nos brindan tales niveles de libertad, seguridad y prosperidad, que a menudo llegamos a creer que éste es el estado natural de las sociedades humanas.

Pero conservar este privilegiado sistema requiere un esfuerzo constante. Las democracias modernas apenas están saliendo del cascarón. De los 34 países que conforman la OCDE, 19 tienen sistemas democráticos constituidos hace menos de 70 años.

De hecho, entre los miembros de la OCDE todavía se cuentan 9 monarquías.Los sistemas democráticos son inventos muy recientes y deben evolucionar para fortalecerse y blindarse ante dictaduras y partidos extremistas que amenacen su integridad.

Es necesario que seamos conscientes de las limitaciones que todavía hoy tienen nuestros sistemas. Presumimos de contar con un sufragio universal, pero no es más que un autoengaño.

Los inmigrantes no tienen derecho a voto. Ni siquiera los que cuentan con permiso de residencia legal. Para justificarlo se toman prestados los mismos argumentos que impedían votar a los esclavos. Se les dice que ellos no conocen la realidad del país donde viven.

Que no forman parte de la sociedad.A los menores de edad tampoco se les permite participar del proceso democrático. Aunque a partir de cierta edad les esté permitido emanciparse, trabajar y casarse, se les aplica el mismo argumento que se esgrimía para negar el voto a las mujeres.

Se dice de ellos que son inmaduros y que no serían capaces de elegir por si solos aquello que pudiera beneficiarles.Asumiendo que nuestro sistema margina a ciertas minorías, ¿deberíamos adoptar un sufragio realmente universal? Y si no es así, ¿deberíamos restringir el voto a otros colectivos a los que se les pueden aplicar estos mismos argumentos? Tomando estos dos argumentos se puede negar el voto a presidiarios, enfermos mentales, personas seniles y ciudadanos sin la educación elemental, entre otros.

Aparte del sufragio, también el sistema electoral puede ser modificado. Los partidos políticos se encuentran demasiadas veces bajo el control de las clases privilegiadas.

Se trata de un sistema que lleva a los gobernantes a servir a las élites en lugar de al pueblo. Esto lleva a muchos ciudadanos a perder la fe en un sistema que fácilmente se corrompe.Las nuevas tecnologías abren la puerta a que sean directamente los ciudadanos, y no sus representantes, quienes voten para aprobar las leyes presentadas al parlamento.

Los opositores a esta posibilidad argumentan que las decisiones tomadas serían mediocres, pues son muy pocos los ciudadanos preparados para pronunciarse con conocimiento de causa sobre temas tan diversos como la seguridad nacional, la sanidad, las finanzas públicas, los acuerdos comerciales o lasinfraestructuras.La democracia cuenta con innumerables caminos entre los que elegir para seguir evolucionando.

El actual panorama político mundial nos recuerda la urgencia de dichas mejoras. Candidatos de ultra derecha se acercan al poder en muchos países de Europa, las democracias turca y rusa parecen estar tocadas de muerte y el pueblo estadounidense está a un paso de elegir un presidente populista.

La situación empieza a ser delicada y ha llegado el momento de debatir, educar y trabajar para perfeccionar nuestros sistemas democráticos. 



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