Cruzando el Charco

¿Nació Jesús el 25 de diciembre?



Hoy, 21 de diciembre, es el solsticio de invierno en el hemisferio norte. Desde el solsticio de verano, la trayectoria del sol se ha ido desplazando hacia el sur y cada vez ha sido más cercana al horizonte. Por este motivo, la noche del 21 al 22 de diciembre es la más larga del año.

A medida que se pierden horas de luz, los días se enfrían y la tierra se vuelve menos productiva. Para las antiguas civilizaciones, que dependían del sol incluso más que nosotros, el solsticio de invierno era un momento de júbilo. Lo más duro del invierno todavía estaba por llegar, pero a partir de ese momento la fuerza del sol dejaría de menguar y empezaría a imponerse de nuevo.

Desde tiempos ancestrales el solsticio de invierno ha significado el fin de las tinieblas y el nacimiento de la vida. Por este motivo no es de extrañar que ya en el año 3.000 a.C. los antiguos habitantes de Irlanda construyeran Newgrange, uno de los mayores monumentos megalíticos del mundo. Sus diseñadores tenían un conocimiento tan detallado de la trayectoria del sol que lograron que su cámara principal solamente fuera alumbrada durante la mañana del solsticio de invierno.

Esta noche el sol deja de desplazarse hacia el sur, pero antes de que el astro deshaga su camino y empiece a dirigirse nuevamente al norte, pasarán tres días. Durante estos tres días el sol se pone debajo de la constelación de la Cruz. Se cree que el sol muriendo en la cruz es lo que representa la cruz celta. Es decir que, este símbolo pre-cristiano de la cruz con un círculo en su centro podría referirse al solsticio de invierno, el momento en el que el sol muere para dar inicio nuevamente al ciclo de la vida.

En los días previos al solsticio, las tres estrellas que conforman el Cinturón de Orión (conocidas desde la antigüedad como los Tres Reyes) se van alineando con Sirius, la estrella más brillante del firmamento. La alineación se produce en la noche del 24 al 25 de diciembre y señala el punto del horizonte por donde el sol saldrá en el primer amanecer de su camino hacia el norte.

El nacimiento del hijo de Dios el 25 de diciembre, los Reyes Magos siguiendo la estrella para adorar al recién nacido, la muerte en la cruz y la posterior resurrección al cabo de tres días, son relatos claramente vinculados con acontecimientos astronómicos.

Pero en realidad, en la Biblia no se cita la fecha de nacimiento de Jesús. Para los primeros cristianos no se trataba de una fecha relevante y ni siquiera la celebraban. De hecho, por las referencias bíblicas de pastores durmiendo a la intemperie con sus rebaños (Lucas 2.15-20) es poco probable que Jesús naciera en diciembre. Pues en invierno las bajas temperaturas y la falta de pasto obligaban a los israelitas a guardar los rebaños en los corrales.

Todo apunta a que fue Dionisio Exiguo el responsable de elegir la fecha de la Natividad. En el año 525 d.C., este monje romano creó el calendario cristiano e inventó la numeración de los años a partir del nacimiento de Cristo. Hasta aquel momento los años se contaban a partir de la fundación de Roma.

Como en la Biblia tampoco se cita el año en el que nació Jesús, a Dionisio se le ocurrió hacer la cuenta regresiva de la duración de los distintos reinados hasta llegar al momento en el que Herodes gobernó Judea. Se trata de un método infalible si se documentan correctamente los períodos de gobierno, pero lamentablemente Dionisio se equivocó. Fijó la fecha de nacimiento de Jesús 4 años después de la muerte de Herodes. Además, olvidó introducir un año cero, cosa que no es de extrañar si se tiene en cuenta que en aquella época el número cero todavía no era conocido en Europa.

Más allá del ligero error de cálculo de Dionisio, fijar el día del nacimiento del hijo de Dios en el 25 de diciembre fue algo bien normal. Pues debido a la relevancia que para cualquier civilización antigua tenía el solsticio de invierno, las principales festividades de prácticamente todas las religiones del hemisferio norte coinciden con estas fechas. De hecho, Horus en la mitología egipcia, Mitra en la persa, el Dios Sol en la romana y Dionisio en la griega nacieron un 25 de diciembre.

La Biblia tampoco habla de los Tres Reyes Magos. Se limita a hablar de unos sabios (Mateo 2.1-12) sin concretar cuantos eran ni si se trataba de reyes o magos. En el mismo pasaje se explica que "la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que, llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño". El relato coincide exactamente con lo que ocurre con las tres estrellas del Cinturón de Orión y la brillante estrella Sirius la noche del 24 de diciembre. De hecho, que una estrella anuncie el nacimiento de Dios también es común en otras religiones.

La astronomía ha sido de vital importancia para el desarrollo de la humanidad. Entre otros fenómenos, ha permitido predecir las estaciones, las migraciones de animales de caza, la crecida de los ríos y los mejores momentos para cultivar y para cosecha.

Así que, no es ninguna casualidad que los relatos religiosos de todas las civilizaciones coincidan con los eventos astronómicos que marcan el compás del ciclo de la vida.

A estas alturas a nadie le sorprenderá observar que Semana Santa coincide con el equinoccio de primavera y que los días de San Juan y de San Mateo (los dos únicos evangelistas que a su vez fueron apóstoles) coinciden respectivamente con el solsticio de verano y el equinoccio de otoño. Es decir que, las cuatro celebraciones más importantes del catolicismo primigenio coinciden con los cuatro momentos astronómicos más relevantes del año.

Es difícil dilucidar hasta qué punto la Navidad es una celebración fiel a la Biblia o es un sincretismo. Pues es evidente que de la misma forma que la religión griega tomó componentes de la egipcia y que la romana los tomó de la griega, la Santa Iglesia Católica Apostólica adaptó el relato bíblico para que los pueblos paganos del Imperio Romano pudieran asimilar más fácilmente su nueva religión.

La Santa Iglesia Católica Apostólica adaptó el relato bíblico para que los pueblos paganos del Imperio Romano pudieran asimilar más fácilmente su nueva religión.

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