Cruzando el Charco

Existe vida más allá de la Unión Europea

Cuando un europeo osa preguntar en voz alta si no sería mejor abandonar la UE para escapar de tan nefastos gestores, encuentra siempre la misma amenazadora respuestas: “Salir de la UE supone el aislamiento internacional”.

El mundo entero contiene el aliento a la espera del recuento de papeletas que decidirán si el Reino Unido sigue dentro de la Unión Europea o se convierte en el primer Estado miembro que la abandona. El nerviosismo es considerable. Pero entre los gritos amenazantes de los profetas apocalípticos y los llantos desesperados de quienes los escuchan, se descubre un abrumador desconocimiento sobre las relaciones existentes entre los Estados del Viejo Continente.

La UE es una unión política que reúne 28 Estados. Para organizarse y promover iniciativas comunes, cuenta con 67 instituciones, organismos y agencias. Esto quiere decir que para todo aquello que un Estado pueda necesitar, contará con el apoyo y colaboración del resto de los miembros. Pero a la vez supone una limitación, pues todo lo que un Estado miembro quiera hacer deberá estar consensuado con el resto de los socios.

Con voluntad de fortalecer el vínculo entre sus miembros, la UE les exige de forma sutil pero insaciable que le cedan más y más poder. Así, los Estados miembros van perdiendo soberanía en favor de la unión. Este poder ha sido usado por la UE para dar respuesta a los retos tales como las olas migratorias, el paro, la crisis económica y las amenazas terroristas. Pero sus estrategias han dado resultados que, siendo muy generosos, hay que calificar como poco satisfactorios.

Cuando un europeo osa preguntar en voz alta si no sería mejor abandonar la UE para escapar de tan nefastos gestores, encuentra siempre la misma amenazadora respuesta: “Salir de la UE supone el aislamiento internacional”. Una respuesta radicalmente falsa para cualquier Estado miembro, pero especialmente absurda para el caso del Reino Unido.

En Europa existen otras instituciones tan o más importantes que la UE. Una de ellas es la Zona Euro. Ser miembro de la UE es un requisito indispensable para formar parte de la Zona Euro. Pero no todos los Estados miembros se han integrado en dicha unión monetaria. El Reino Unido, por ejemplo, nunca ha querido formar parte de la Zona Euro. Y no le ha ido nada mal.

Además hay otros Estados no miembros de la UE ni de la Zona Euro que usan el Euro como moneda propia. Es el caso de Andorra, Mónaco, San Marino y el Vaticano, que aunque no puedan participar de la política monetaria decidida en el seno de la Zona Euro, tienen el Euro como única moneda.

El resto de las instituciones que vertebran Europa no requieren ser miembro de la UE. Es el caso de la Unión Aduanera de la Unión Europea, formada por todos los Estados miembros de la UE más Andorra, Mónaco, San Marino y Turquía. Ésta se encarga de fijar una tarifa común a las mercancías que entran en su territorio. Si un Estado saliera de la UE podría ingresar en poco tiempo a la Unión Aduanera como miembro independiente.

Existe también la Asociación Europea de Libre Comercio, formada por cuatro Estados que no pertenecen a la UE: Islandia, Liechtenstein, Noruega y Suiza. La integración a esta asociación permitiría a un Estado que haya abandonado la UE acceder al Espacio Económico Europeo, ya que éste está formado por todos los miembros de la UE más los miembros de la Asociación Europea de Libre Comercio, excepto Suiza. Ambas organizaciones permiten a sus miembros comerciar entre ellos sin tener que pagar aranceles.

Otra institución fundamental para el desarrollo de Europa ha sido el Espacio Schengen, que está formado por 26 Estados. Algunos de ellos no son miembros de la UE, como es el caso de Mónaco. A su vez, algunos miembros de la UE tampoco forman parte de él, como es el caso de el Reino Unido. Y para complicarlo todavía más, los territorios no europeos de los Estados firmantes quedan excluidos, como es el caso de Ceuta y Melilla para España. El Espacio Schengen había abolido los controles fronterizos entre sus miembros, pero desde febrero del 2016 Austria, Alemania, Dinamarca, Francia, Noruega y Suecia han violado de forma flagrante el acuerdo levantando controles en las fronteras con otros miembros del Espacio Schengen.

Existe también el Consejo de Europa, que pretende unir a todo el continente europeo para promover la democracia, los derechos humanos y el respeto a las leyes. Incluye todos los Estados de Europa con las salvedades de Bielorrusia, Kazajistán y el Vaticano, por no ser Estados democráticos. Si un Estado saliera de la UE podría acceder de inmediato al Consejo de Europa siempre que demostrara ser democrático.

Otra institución de gran importancia en Europa, aunque no esté formada exclusivamente por Estados europeos, es la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte). Se trata de una coalición militar entre Canadá, los Estados Unidos de América y 26 Estados europeos que no necesariamente deben formar parte de la UE. Así que la eventual salida de un miembro de la UE no le supondría problemas para seguir formando parte de esta alianza militar.

Cabe mencionar que si un Estado abandonara la UE no sería privado en ningún caso de su participación en la Eurocopa de Fútbol ni de Eurovisión. Asuntos que para algunos parece ser de mucha más importancia que los narrados hasta el momento.

Ciertamente, salir de la UE puede conllevar un cierto periodo de incertidumbre en lo que el Estado en cuestión reorganiza sus relaciones internacionales. Pero los riesgos parecen estar muy lejos de las 10 plagas bíblicas que algunos vaticinan que caerán sobre el Reino Unido.

¡Y es que además hablamos del Reino Unido! Uno de los países más ricos y desarrollados del mundo. El líder de la Commonwealth. El socio preferente de los Estados Unidos de América. Una potencia nuclear. Y uno de los 5 miembros permanentes en el Consejo de Seguridad de la ONU.

Así que, en lugar de tratar a los británicos como lunáticos inconscientes quizás deberíamos aplaudir la democrática iniciativa de consultar a la población el futuro que desean para su país. Elegirán bien o elegirán mal, el tiempo nos los dirá. Pero habrá sido el pueblo soberano quien habrá decidido libremente su futuro.


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