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El primer día del año

Mientras transitas por estos días sin sosiego y pretendes dignificar esta noble profesión, no puede faltar una vecina que te intercepta con un saludo por demás lamentable y una pregunta que arroja al suelo todos los años de estudio y las penurias, que como reportero has tenido que sortear para llevar con dignidad la frente en alto y el bolsillo vacío: “Mija… tú que eres periodista, sabes si la nueva esposa de Juan Osorio…  es…  esta niña güerita… la protagonista de…  esta… la nueva telenovela…”

Y no me queda más que un: «¡PLOP!»…

Mi onomatopeya favorita. Por supuesto propiedad de la inigualable historieta chilena Condorito, cuyo primer autor fue Pepo y la llevó a los periódicos como tira cómica por primera vez en 1949. No había nacido —aclaro—, pero con la que pude reír sin condicionamiento en su apogeo, los 80. Cuando personajes como Yayita, Doña Tremebunda, Washington (el terrier mascota de Condorito), Don Chuma, Pepe Cortizona, Huevoduro, Garganta de Lata, y sus vástagos: Cone, Yuyito, Huevito y Fonolita, se describían por si solos.

Y es que lo único que pueden articular mis neuronas es un reverendo «¡PLOP!», ante tan importante pregunta. Pero no es la única, también en plena cena para despedir el año que nos ha dejado más dudas que razones, los cuestionamientos entre brindis y animosos intentos de entonar con decencia desde La muerte del palomo, de Juan Gabriel, hasta Suzanne, de Leonard Cohen —cuyas almas disruptivas se fueron este año—; otros cuestionamientos golpean mi ser: ¿y qué gasolinera tendrá la premium más barata?

 «¡PLOP!», qué voy a saber yo. Lo único que entiendo como cualquier mortal es que el precio de las gasolinas quedó liberalizado a partir de hoy, y que se viene una escalada de precios, reacciones y disgustos que no los detendrá ni las próximas promesas electorales que pasado este año, hacia 2018, se dejarán venir.

El gobierno, claro, pretende aplicar a pinceladas las exitosas estrategias del repudiado nazi Joseph Goebbels, y nos repite con todas sus variantes en palabras y voceros, que se trata de un cambio que agradecerán “nuestros hijos” (los de ellos, seguramente, que con cargo al erario abastecen sus autos), y que conforme el nuevo mercado evolucione, los combustibles subirán y bajarán en un ejercicio natural de oferta y demanda.

Mi respuesta hasta hoy es solo una. Si crees que el precio de la gasolina algún día baje de 16 pesos por litro, negativo; ese momento jamás será. El nuevo mercado, sin infraestructura (ductos y almacenaje) suficiente y aún solo propiedad de Petróleos Mexicanos, no termina de hacer cálculos de rentabilidad.

Las empresas privadas interesadas en importar gasolinas y diesel ya cuentan con los permisos correspondientes, pero todavía desconocen o no han terminado de realizar sus balances para saber si les conviene o no, traer gasolina de otros países para vender. Y es simple, al costo del combustible le deben sumar la logística para que llegue a cada tanque del parque vehicular que lo requiere.

De ahí que el gobierno haya dividido el país en 90 regiones para establecer precios máximos. Pues se dice seguirá siendo vigilante de los mismos para mantener ordenado el mercado.

Y aquí me planto, porque ya se me acabó la gasolina. Y a mi vecina mejor le aplicaré la de tengo prisa, voy a junta, para evitar sus saludos.

@lupitaromero

guadalupe.romero@milenio.com