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Entre piedras y cocos

Hace unos días en plena contemplación del paisaje urbano de la Ciudad de México decidí tomarme un café frente a la zona hotelera de Polanco, donde una sirenita parecía atraer con su encanto tanto a escoltas como turistas y oficinistas. Entre los asistentes estaba el chofer del director de American Express, persona decente y buen conversador.

Me platicó orgulloso de su hermano que después de 20 años en Estados Unidos, por está de visita en su casa. “Ya logró la residencia y pudo regresar, le va muy bien como joyero, ha ganado muchos premios, ahora quiere que me vaya con él, pero no, me gusta mi trabajo y no gano mal, ya casi cumplo dos años con mi jefe y le pediré la planta, soy bueno y me la he ganado”.

Cada uno con su pasión y satisfechos. Con detalle me contó que su hermano, como muchos, se fue de ilegal, se hizo de varias novias y de cada una aprendió a sobrevivir y hacer negocio. “Una colombiana le enseñó a trabajar con piedritas finas, de río, de la India, y comenzó con el diseño de la joyería. Ahora lleva un gran paquete de aretes de plata que compró en Taxco y los convertirá en dijes y collares, a las gringas les gustan y pagan hasta más de cinco veces su precio”.

La plática duró casi una hora, también hablamos de lo que implica más de 20 años de chofer de directivos de grandes firmas y de las bondades y problemas de tener trabajo baja todo tipo de circunstancias. Pero al final haciendo los que nos gusta, “ese es el gran negocio, de otra manera no salen las cuentas”, me dijo antes de despedirnos.

Por visionarios no paramos, está el caso de Iñaki Saiz, empresario de Colima, que dirige A de Coco, firma dedicada a la producción de este fruto y sus derivados, con más de 2 mil hectáreas de plantaciones en las costas del Pacífico, en la exhacienda de Cuyutlán, Colima. Con 65 años de fundación, se trata de una empresa ejemplo de lo exitoso que es la innovación y la actitud de reinventarse siempre.

“El mercado de agua de coco en México está despegando. Cuando comenzamos a comercializarla hace cinco años apenas alcanzábamos 200 mil litros al año, a partir de ahí nuestro crecimiento anual es de más de 70 por ciento”, cuenta Iñaki.

En Estados Unidos, el mercado de agua de coco comenzó a tener atractivo hace apenas ocho años y hoy alcanza un valor de casi mil millones de dólares anuales. Para cumplir con la demanda, A de Coco ha tenido que incrementar la productividad en las plantaciones, así como desarrollar alianzas con más productores, para incentivar el cultivo y procesamiento. El agua de coco es el hidratante natural por excelencia, sus electrolitos lo convierten en un isotónico natural.

Eso gusta a los estadunidenses y lo piden. A de Coco trabaja con más de mil 500 familias en los estados de Colima, Michoacán y Guerrero. La empresa compra a los productores la materia prima a un precio mínimo de garantía para aseguran la calidad de la cosecha. Asimismo, cuenta con una fábrica de procesamiento localizada en la ciudad de Armería, Colima, siendo el mayor generador de empleos en la ciudad.

Producen, exportan y no le asusta el coco del próximo gobierno estadunidense, al igual que el joyero seguirán atrayendo la mirada de los gringos.

¡A trabajar! Me dijo el chofer antes de adelantarse a la salida de su patrón.

@lupitaromero

guadalupe.romero@milenio.com