Código de Ingreso

Bebamos vino que la vida es una

Si religiosamente respetamos el puente Guadalupe-Reyes, llevamos un saldo de por lo menos 14 sonoros cruces de copas tratando de olvidar un poco las tragedias que incontenibles despide este mundo tan polarizado en el que vivimos.

Lamentables hechos los de la víspera navideña, en particular los que involucran la vida de inocentes niños cuya única culpa fue acudir al negocio familiar como es costumbre entre las micro y pequeñas empresas del país, donde vacaciones escolares significan acompañar a los padres y colaborar en el quehacer diario del changarro. Desde aquí un abrazo solidario a todas esas familias que perdieron a alguien en la tragedia de Tultepec.

Si hasta aquí me sigues leyendo también todo mi agradecimiento, pues hoy el crudo despertar luego de los festejos de la Noche Buena es, de todos conocido, muy difícil y quizá muy pocos tengan ganas de leer algunas líneas. Por eso te hablaré de lo que seguramente en estos momentos te genera una molesta jaqueca, resaca o insaciable sed.

No tengas culpa, si bebiste vino (tinto, blanco, rosado o espumoso, incluso con cualquiera de sus variantes irreverentes: de frutas o con laminillas de oro), obtendrás más beneficios que pérdidas.

Lo bueno de consumir vino, el caldo generoso de la uva, es la aportación nutritiva, antioxidante, rica en vitaminas y minerales, y la baja ingesta de azúcares malos. Y no solo eso, también el aporte a una industria que es tan variada como sus etiquetas, de importación y exportación, de bajo y alto costo, y generadora de empleos y cultura.

A la más común de las preguntas, la más común de las respuestas: ¿Cuál es el mejor vino?.. —El que a tu paladar le guste—. Y sí, hay excelentes caldos que puedes conseguir por 100 pesos, reservas por las que pagas 200 pesos y de gran cosecha hasta por más de 800 pesos. Mexicanos, españoles, chilenos, argentinos, franceses y alemanes, mis favoritos, pero hasta de Australia puedes tenerlos en tu mesa. Tú bolsillo y gusto decidirán.

Esto escribí hace un par de meses. La historia se seguirá contando, quizá tan rápido como nació, decayó y vuelve a tomar vuelo. Los libros dicen que Hernán Cortés, gobernador de Nueva España, ordenó en 1524 que cada colono español plantara mil pies de vid por cada 100 indígenas, y Carlos V pidió a cada navío que saliera hacia la Nueva España llevara viñas y olivo para plantar.

Los jesuitas y franciscanos que llegaron junto con los conquistadores asumieron la tarea para dotar a los españoles de la bebida y contar con ésta para sus ceremonias religiosas. Se dice que en 1900 una plaga, la filoxera, arruinó más de 80 por ciento de los viñedos, además de lo difícil que resultó producir por la efervescencia política de aquellos años.

El presidente Porfirio Díaz prefirió los vinos franceses y la industria cayó. Luego hubo años de prohibición a bebidas alcohólicas de importación, hasta que en 1987 se reabrió el mercado tras la firma del GATT (General Agreement on Tariffs and Trade).

Al inicio del presente siglo la exportación de vino mexicano registró 200 mil cajas que se comercializaron hacia EU, Reino Unido, Japón, Canadá y Alemania, principalmente. Y la industria hoy sigue sumando cajas y etiquetas reconocidas en todo el mundo. ¡Salud!

@lupitaromero

guadalupe.romero@milenio.com