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Lo dije... todo pasa y no pasa nada

Hace un año la especulación sobre lo que el aumento de las gasolinas provocaría en la economía nacional y la escalada de precios que golpearía los hogares mexicanos competía a la par con el efecto Trump, lo que muchos aseguraron sería el hundimiento de los objetivos de crecimiento de un país que emerge como protagonista, no solo petrolero, sino productor e innovador en diversos ámbitos.

Ha pasado un año y seguimos de pie y hacia adelante. Se anuncia un año de mucha acción, con abundante circulante (claro, gran empujón resultado de las campañas electorales), de más comercio interno y externo, de mayor producción energética en todas sus variantes y creciente entrada de capitales de inversión que reforzarán los planes comprometidos luego de la reforma energética.

Puedo apostar que el Tratado de Libre Comercio de América del Norte no logrará renegociarse sino hasta finales de 2018 en el mejor de los casos, o bien se cancele y entremos en una etapa de litigios y ajustes para acogernos a los lineamientos firmados ante la Organización Mundial de Comercio que habrán de entrar en operación durante dos años en tanto se firman otros nuevos tratos comerciales, seguramente bilaterales, necesarios entre todo país; máxime entre grandes vecinos.

A qué le tememos, entonces, qué les preocupa a las empresas en la perspectiva rentable y proyectiva de sus negocios... La inflación que experimenta una etapa de desenfreno donde los responsables de las finanzas públicas no encuentran la fórmula para detener su carrera alcista, y los obliga a postergar la llegada al objetivo trazado por este gobierno (contenerla en el objetivo de 3% +/- un punto porcentual), también podría atreverme a decir que no es algo que les quite el sueño. Su lucha es diaria en los mercados, negocian con proveedores, servidores y ajustes para obtener cada uno de los elementos que requieren para producir.

El elemento que de manera constante apareció como la principal causa del aumento de la inflación fueron las tarifas eléctricas, con alzas de hasta más de 20% en una quincena. Seguro es un costo de producción que sí duele, y mucho cuando la promesa fue reducirlo, pero no definitorio para el éxito de un negocio.

Lo sismos. Más que el efecto Trump al inicio de año cuando todo indicaba que el PIB se desplomaría luego de las serie de amenazas y virajes que anunció para controlar la desigualdad comercial, laboral y a los bad hombres; el producto interno bruto del país lo soportó y mantuvo su crecimiento por arriba de 2.5 por ciento. Los sismos de septiembre tuvieron un impacto más letal, dieron pie a que el PIB comenzara a disminuir hasta llegar a 1.6 por ciento.

Entonces qué es lo que puede hacer mella en una empresa. Lo mismo que desalienta a la gente de a pie: la burocracia, el costo y el número de trámites para abrir o mantener una empresa; la desigualdad, que concentra las oportunidades y ganancias en manos de unos cuentos; la inseguridad, que no permite trabajar, invertir y disfrutar de lo conseguido para tener motivos de dar más, y la injusticia y corrupción (si, factores que van de la mano) que limita la actividad económicamente productiva y el consumo.

@lupitaromero

guadalupe.romero@milenio.com