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No pasará

Los augurios para los fabricantes de asientos, bolsas de aire, cinturones de seguridad y para doña Cecilia que hace tamales, y los hermanos Luis y Toño que ya se preparaban para llevar tacos de cajuela a los próximos empleados de Ford en San Luis Potosí, hoy parecen ser los menos alentadores. En el tintero se quedarán muchos negocios que ya se planeaban en torno a una nueva gran planta automotriz en ese estado.

Los ingresos para la familia de Carmen, que en una cocina económica recibía a más de 20 de los 58 empleados de Ford que ya laboraban en el proyecto, se esfumaron con el solo gesto desagradable de un hombre que viste de abrigo (ocultando toda su suciedad) y se colorea el cabello para reafirmar su hueca ideología de superioridad.

La construcción de Ford representaría para el estado y para el país una inversión de más de mil 600 millones de dólares y daría trabajo a más de 2 mil 500 personas, quienes ya se alistaban e incluso invertían en cursos de capacitación para concursar por la mejor plaza posible. Quizá hoy, al ver que los Reyes Magos dejaron vacíos sus zapatos, estén ya alistando su mochila para no postergar la decisión que hace tiempo habían dejado en un cajón, saltar del otro lado de la frontera antes de que sea blindada.

Sueño americano, hoy inquietante y provocador de la más dolorosa taquicardia onírica que pueda sentir aquel que ve su futuro derrumbarse. Y del cual también se puede prever un indeseable final: de llegar a cruzar la frontera norte, conseguir un trabajo e intentar enviar remesas a la familia, ya habrá pasado, por mucho, el 20 de enero y con esta fecha la toma de posesión del nuevo y amenazante presidente de Estados Unidos, y entonces a volver a inquietarse: “ellos pagarán su muro, ellos no enviarán más dólares a México de los que se quedarán aquí”.

Pero como dice la vecina: —me protejo… me protejo… me protejo—. Los potosinos deben, como lo han hecho tantas sociedades incluida la multicultural estadunidense, salir fortalecidos luego de un gran gancho al hígado. Hoy su industria, a la cual están dedicados aproximadamente 70 por ciento de sus más de 3 millones de habitantes, según datos del Instituto Nacional de Geografía, necesita de más especialización y tecnificación pues la automatización de los procesos y autonomía de los productos está a la vuelta de la esquina.

El gobierno local y federal harán su parte, en lugar de embolsarse las sanciones que Ford deberá cubrir para pagar su temerosa decisión, éstas sin pérdida de tiempo habrán de invertirse en capacitación e impulso a la industria potosina, rica en desarrollos industriales que albergan no solo al boyante sector automotriz, sino a grandes empresas fabricantes de producto de acero, como Mexinox; muebles de baño, pegamentos y pisos de cerámica, como Vitromex y Lamosa; o molduras de madera como America Wood Moulding, y sistemas eléctricos, como Valeo, entre muchos otros.

En los últimos 15 años la zona ha desarrollado toda una gama de transformación que van de la siderúrgia, pasando por productos lácteos, empacadoras, cementos, maquinaria, químicos, plásticos, hasta la automotriz que seguirá viva.

La colindancia de San Luis Potosí con nueve estados del país, le permiten ser un gran productor de autopartes, Honda y Toyota, en Guanajuato y Jalisco, y cuyos directivos ya reafirmaron sus inversiones en México, los requieren.

@lupitaromero

guadalupe.romero@milenio.com