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El valor de la locura

“No consuman tortillas de harina con carne al pastor y queso, son gringas”. Este y otros “graciosos” actos de unidad nacional circulan por las redes sociales y son la comidilla entre pasillos y pláticas de café, donde unos a otros se preguntan si es cierto y hay que dejar de consumir productos de marca o con referencia a los vecinos del norte, ahora comandados por un empresario, del cual uno de los menores calificativos que se dice de él es que está “realmente loco”.

Pues al parecer el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quiere cumplir con el más grande de sus caprichos: hacer realidad aquella frase popular que cita “loco es quien vive en un mundo propio”. Y al ritmo que nos ha provocado vivir sus primeros 10 días de administración, indica que no perderá tiempo hasta lograrlo… “Conquistaremos el mundo Cerebro…”, diría un comic.

Pues loco o no, lo cierto que tiene un objetivo claro, lograr que su empresa sea exitosa. Por esto mi insistencia en preguntar si una campaña “antigringa” es la opción. El señor, como lo señalo, no está perdiendo el tiempo, pero nosotros sí al dejar de proponer estrategias o acciones reales de consolidación, competencia, oferta y crecimiento. Por qué no proponemos qué hacer con nuestra economía, cómo crecer, cómo crear mercados y cómo conseguir nuestro bienestar como sociedad y país.

Si lo que inquietó esta semana fue que Trump argumentara sus decisiones contra México por la balanza comercial deficitaria para ellos (y es cierto, les exportamos el año pasado más de lo que les compramos, la diferencia a favor de nuestro país rebasó los100 mil millones) y por esta situación creará empleos y reabrirá fábricas en EU, el análisis nos llevará a una estrategia.

Elevemos la calidad de nuestra producción hay una mercado de más de 350 millones de personas del lado norte de la frontera, 4 mil o 10 mil empleos que se crearán no serán suficientes para abastecerlos, así que compitamos con más y mejores productos. Apliquemos la ley para que los actos de corrupción que devalúan y acorrientan “lo hecho en México” alejen las inversiones y nos hagan mala fama.

Revisemos las reformas estructurales, ahí están y hay que aprovecharlas. La reforma fiscal debe garantizar transparencia y abrirse a la nueva situación: en EU la política proteccionista puede orillar a aumentar sus fábricas, pero de éstas resultarán capitales en busca de mercados de inversión. Y las reformas en energía y telecomunicaciones llévenlas a las negociaciones de los nuevos tratados comerciales que inminentemente se tendrán, para garantizar su cumplimiento y que, igualmente, lleguen inversiones al país. No nos quedemos a medias ni en manos solo de políticos, los hombres de negocios ya accionaron y no esperan, la locura cuesta y pasará la factura.

Del buzón. El gobierno municipal de Tlajomulco, Jalisco, me envió 13 cuartillas de información sobre sus acciones y administración. Por aquello que mencioné sobre la poca información que circulaba de ellos y que en su mayoría era nota roja. Haré la tarea, las leeré, y en la próxima entrega les comento sobre ello, gracias.

—“Una gringa, con piña, por favor”—.

@lupitaromero

guadalupe.romero@milenio.com