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El arte en el piso

Ciro Peraloca era uno de mis personajes favoritos de las historietas que de niña hojeaba de vez en vez, y más lo era porque a mi padre alguien por ahí le llamaba así cuando inventaba algo para solucionar un problema. Y de verdad, creaba desde un soporte para una mesa coja, hasta un conductor de electricidad para prender un aparato eléctrico. Mi padre sigue así, inventa y resuelve, aunque en la informalidad como muchos creativos que quizá tengan en sus manos objetos e instrumentos que pueden revolucionar, y no se dan cuenta o les detiene el papeleo de patentar.

Esta semana conocí a un inventor formal. Sí un gran artista escultor que va por la vida creando y patentando. Platiqué con él y me dio la impresión de que se lía con los documentos, las demostraciones y el pago de inventos ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial porque lo tiene como lección luego de un intento de un gran problema de plagio. En ocasiones solo así se aprende a hacer lo que tenemos que hacer, y en este caso a salvaguardar las creaciones originales y, casi siempre, disruptivas.

Conversé con el inventor de la masaroca. Sustancia que nació de una necesidad creativa, de la búsqueda de un material moldeable, resistente, noble y que perdurará por sobre muchas cosas que suelen destruir, dañar o quebrar una escultura. De la masaroca les detallaré más adelante en un nota periodística que preparo para que conozcan para qué sirve, su fabricación, en dónde se ha empleado, y algunas de las aristas que ofrece para hacer negocios en grande.

Tan en grande que durante la conversación mi duda, casi natural, fue cuestionarle al inventor qué le diría a Carlos Slim, el rey Midas que dicen que todo lo convierte en oro si lo toma entre sus manos. Y la respuesta fue casi decepcionante, me contó que en una sola ocasión ha podido cruzar un par de palabras con Slim, y fue para ofrecer el material para una de sus grandes obras, y de la boca del ingeniero solo escuchó: ¿qué es más barato?... fin de la negociación.

La imponente figura del probo empresario hizo enmudecer a la mayoría. Carlos Fernández, inventor de la masaroca, me dijo que es un material que se compone de polvo de granitos que mezclado origina una masa moldeable que en 24 horas se convierte en una roca indestructible. El material ya ha sido utilizado con éxito en el arte, en esculturas como el monumental tigre que se está afuera del estadio del equipo de futbol Tigres en Monterrey, Nuevo León; pero también ya se empleó en construcciones, en centros comerciales, en Puebla especialmente, donde los pisos estarán ahí por siempre, sin problemas de humedad o coarteaduras, pues fueron hechos de masaroca.

Me llamó la atención, de la conversación, también el interés de Fernández, no solo de hablar de su invento como un gran negocio, sino de una gran solución para problemas sociales como la vivienda en zonas marginadas y con elevados problemas de inundaciones y otros tantos de origen climático.

La masaroca entra poco a poco a ser parte de la solución, a levantar casas que ahora son de láminas y materiales rupestres y sedimentarios, para convertirse en edificaciones durables y aptas para que la gente realmente tenga un lugar digno donde vivir.

@lupitaromero

guadalupe.romero@milenio.com