Invitado

El petróleo, los impuestos, AMLO, la unidad y el PRD

En la izquierda, en general, y en el PRD, en particular, desde siempre, nos hemos opuesto a que se modifique la Constitución para permitir que se comparta la renta petrolera con inversionistas privados, sean nacionales o extranjeros. La iniciativa privada siempre ha participado en el sector, pero el único dueño de la riqueza de nuestro subsuelo es el Estado. El general Lázaro Cárdenas, en 1938, ejerció plenamente nuestra soberanía sobre quienes pensaron que nuestro pueblo no tendría la fuerza para hacerla valer. Se llevaron una sorpresa.

Hoy de nuevo PRI y PAN plantean modificar nuestra Constitución para permitir que privados, principalmente extranjeros, sean copropietarios del petróleo y sus utilidades; de nueva cuenta no coincidimos con ellos en esta materia.

El Ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, a nombre del PRD, ha presentado una propuesta para modernizar Pemex, limpiarla del contratismo y la enorme corrupción de funcionarios y de la cúpula sindical, al tiempo de liberarla de la enorme carga fiscal que la ahoga, haciéndola la empresa que más contribuye de sus ingresos al gobierno en el mundo, pero que no le permite reinvertir en su desarrollo tecnológico y capacidades productivas. También proponemos desarrollar energías alternativas y limpias que ya son una realidad en otras latitudes. Pemex no puede seguir como está, pero su propietario debe seguir siendo invariablemente la nación.

Esta semana AMLO convocó de nuevo a unir esfuerzos en ese sentido. Lo realizó convocando incluso a PAN y PRD a unir esfuerzos para evitar la privatización, y también lanzó un llamado para oponerse a la reforma fiscal que se discute en el Congreso. Lo hizo después de una serie de declaraciones en contra de legisladores y dirigentes de esos mismos partidos, acusándolos de haber sido cooptados por el gobierno. Primero los acusa e insulta y después los llama a la unidad en torno a un plan de acción diseñado unilateralmente y votado a mano alzada en una plaza a medio llenar en el Zócalo de la Ciudad de México. Extraña manera de buscar la unidad.

En materia hacendaria no compartimos su opinión. El PRD evitó que se gravaran alimentos y medicinas, como lo han pretendido siempre PRI y PAN; logramos gravar la Bolsa de Valores, como lo hemos peleado desde hace años; se incrementó el ISR a quienes tienen sueldos mayores de 50 salarios mínimos diarios y hasta quienes ganan más de 250 mil pesos mensuales; gravamos los dividendos, acotamos la consolidación fiscal y los regímenes especiales que utilizan los grandes empresarios, transportistas y terratenientes del país.

También se gravaron alimentos chatarra y refrescos que causan daño a la salud, y a quienes consideraban “alimentos” sus productos y no pagaban impuestos. Asimismo se gravan a las grandes mineras, casi todas extranjeras, que pagan impuestos ridículos, dañan el medio ambiente y maltratan a sus trabajadores, además de distribuir estos nuevos impuestos entre Federación, estados y municipios.

Es imperativo destacar que en la reforma se da rango constitucional al seguro de desempleo y la pensión universal para adultos mayores para quien no goce de ella.

La reforma mandata también a la Federación para que absorba todos los gastos de la educación pública que ahora asfixian a las entidades federativas; se invertirán más de 40 mil millones en ello y en ampliar becas para estudiantes y mejorar las condiciones de las escuelas. Tendremos también recursos adicionales para nuestros estados que gobernamos, particularmente el Distrito Federal.

Los principales detractores de esta reforma son la cúpula empresarial, las televisoras y el PAN. AMLO tiene derecho a hacer causa común con ellos, pero no exigirnos que lo acompañemos en esa desmemoria de nuestras causas. Que paguen más los que más ganen y con ello iremos construyendo un estado de bienestar y de ampliación de derechos sociales.

Pero en el tema petrolero y energético sí tenemos amplias coincidencias y podemos trabajar conjuntamente.

Ante esta situación, declaramos que en el PRD estamos convencidos de que es indispensable la más amplia unidad de fuerzas nacionalistas, progresistas y de izquierda para evitar esta intentona de revertir un paso histórico de nuestro país. Por esa razón no escatimaremos esfuerzos para lograr esta amplia convergencia, respetando la autonomía de cada organización. Hay que construirla con responsabilidad, sin sectarismo y patrimonialismo con los que algunos toman este delicado tema. Por eso es necesario hacer solo algunas precisiones que permitan clarificar la posición de cada quien.

La izquierda acompañó a Cárdenas en su decisión de expropiar el petróleo y participó activamente en la construcción de Pemex cuando los extranjeros, al igual que hoy, apostaban a que seriamos incapaces de hacernos cargo de ese enorme reto y de construir la tecnología que sacara adelante la nueva empresa.

Muchos de nosotros defendíamos el petróleo cuando AMLO le hacía himnos al PRI; Monreal intentaba en 1997 impedir la instalación de la Cámara de Diputados, que por primera vez se integraba con mayoría opositora al PRI, y Bartlett tumbaba el sistema electoral en 1988, ante el vuelco electoral encabezado por el Ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas.

AMLO afirmó sin pudor que en la pasada reforma energética de 2008 —que fue avalada por un amplio grupo de intelectuales y especialistas, a los cuales nuestro propio partido había solicitado su asesoría y consejo— se había privatizado el petróleo y mediante una votación al vapor, sin discusión alguna en un tema tan técnico y delicado, en el Hemiciclo a Juárez, declaró traidores a quienes votaran distinto a lo que él y su plaza habían decidido. Algo similar a los muros de la ignominia que hoy quiere levantar contra quien no piense igual.

El tiempo puso a cada quien en su lugar. Se demostró que mintió y que la reforma conservó el carácter nacional de nuestros hidrocarburos, tan es así que hoy llama a detener de nuevo la privatización de Pemex, que según él se había privatizado en 2008. No aceptamos lecciones de moral ni mesiánicas de quienes conocemos suficiente. Pero también recordamos junto al ingeniero Heberto Castillo que es tiempo de no de priorizar de dónde venimos, sino adónde queremos ir.

Hemos realizado una consulta energética en todo el país con la participación de cerca de 800 mil ciudadanos, en coordinación con Alianza Cívica; realizamos una exitosa cadena humana en Paseo de la reforma de más de 20 kilómetros y ahora levantamos firmas en el país para que en caso de que se votara esta contrarreforma, la llevemos a referendo contemplado en el artículo 35 de nuestra Carta Magna. Estamos seguros de que el pueblo de México revertiría esta errónea decisión.

Nuestros legisladores defenderán la propuesta elaborada por el ingeniero Cárdenas y estamos abiertos al diálogo respetuoso y constructivo con todas las fuerzas políticas, sociales y ciudadanas que quieran generar un frente común. Lo haremos dentro de nuestra Constitución, de manera pacífica y respetuosa de quienes no piensan igual que nosotros, pero que son mexicanos que tienen los mismos derechos a tener ideas, propuestas y programa, y aunque no los compartamos, sabremos respetar. Los venceremos por las vías democráticas, incluido en su caso la consulta vinculatoria que se realizará en julio de 2015.

Estamos listos para un diálogo sincero y productivo que busque la más amplia y razonada unidad entre quienes compartimos que es necesario defender nuestra soberanía y desarrollo independiente.

* Ex presidente nacional del PRD