La violencia y el tajo

Si hay un clásico que mueve a Guadalajara es el tapatío. Sí, la televisión ha inflado el América-Guadalajara a niveles insospechados, pero la confrontación del Atlas con las Chivas levanta, enciende, arremolina a las aficiones de ambos equipos para alegrar un fútbol mexicano cada vez más apretado por intereses económicos.

La semana pasada, la pasión era sana pero con un nuevo ingrediente. La incursión de Grupo Salinas en el clásico avivó la llama entre ambas agrupaciones. Las apuestas eran inteligentes, atrevidas y hasta divertidas. Todo parecía que jugaba para el bien de la plaza y los equipos de la misma; no sólo los que jugaban el sábado sino también Tecos y Leones Negros.

El sábado se pudrió.

Entrar a condenar lo que todos han criticado es inútil. Sin embargo, vale la pena revisar otros dos aspectos interesantes.

Primero, la crítica a los equipos por sus dueños. Resulta curioso quienes han buscado justificar la violencia en el Jalisco por la propiedad de Ricardo Salinas y Jorge Vergara. Hay quien, incluso, ha criticado a Televisa -y sus cronistas- por incitar a los actos vandálicos.

Si la sinrazón de estos críticos parece oxidada y ciclada en el discurso de poderes fácticos culpables de todo, la crítica partidista es la más mezquina.

No, el actuar de los comandantes y la estrategia de seguridad no fue ni cercana a lo adecuado. La declaración sobre la probable investigación hacia los policías heridos fue torpe. Pero el alegato de que esa es la justificación para el caos en un estadio es estúpida, por decir lo menos.

¿Es válido usar el zafarrancho como misil político? La respuesta la deben tener los policías golpeados, pateados, aventados de un piso a otro para, al aterrizar, seguir en el recibimiento de golpes.

¿O pensarán estos críticos que los golpes contra los policías son justificados por -según sus datos- las malas cifras en seguridad, empleo o movilidad? ¿Que ingresaron las bengalas, que violentaron seguridad y dignidad por su antipatía al actual gobierno?

La crítica también tiene que llegar a un límite de sentido común. Hay acciones de gobierno indefendibles, pero son lejanas al derecho de la ciudadanía a entretenerse.

Justificar la violencia del estadio por la mala actuación policiaca es justificar la violencia en las calles, el crimen organizado, el caos.

Apunte final: curioso el político que se alarma de los anuncios de segunda mano con Miguel Herrera y su perico, pero no se inmutó -cuando era funcionario- de la mentada de su gobernador a la sociedad.

Curioso.