La verdad y “la verdad”


Donald Trump comenzó su discurso del jueves antepasado con una mentira. No, no aquella que aceptaba de forma humilde la nominación del Partido Republicano, esa solo es una ocurrencia. El anaranjado candidato mintió sobre los números de violencia y homicidios en la Unión Americana.

Trump fue enfático: el crimen va al alza, el país vive una oleada de delincuencia sin control. Por ello, seré el candidato de la Ley y el Orden.

Los datos dicen otra cosa. Si bien el 70 por ciento de la población norteamericana cree que la inseguridad ha crecido, la verdad en los números retratan una efectividad de los cuerpos policiacos. De 666 crímenes por cada 100 mil habitantes en 1989, la cifra se ha desplomado a 365 en el 2014.

¿Por qué razón, entonces, la gente percibe lo contrario? La clave está en el verbo. Percibir. Sentir lo que no es realidad pero que, a partir de la sensación, objetivizamos hasta hacerlo real.

John Oliver, en ese extraordinario programa que el mismo HBO quiso imitar de forma torpe con Chumel Torres, explicó lo anterior en su emisión del domingo pasado. Steven Colbert lo reitera desde 2005 con la palabra "Truthiness": no es real, pero parece real. Carlos Salinas lo explicaría de otra forma: Política Ficción.

Discurso de los medios de derecha durante los ocho años de Obama, La sensación de inseguridad, miedo, fracaso, debacle y zozobra en la población norteamericana se mezcla con la falta de oportunidades y cinismo que son las dos caras de la economía norteamericana. Los pobres sin dinero y los ricos con excesos.

En política, percepción es realidad. Es la apuesta de los republicanos como, en México, lo ha sido de cualquier corriente política.

López Obrador ha logrado crear la percepción de ser honesto y atacado por la mafia en el poder. Diego Fernández no puede sacudirse la percepción de ser un personaje cercano a la oligarquía. Jorge Castañeda ha intentado, sin éxito, ser percibido como un ciudadano más.

Apenas esta semana, la discusión de la medición de la pobreza entre el INEGI, el CONEVAL y algunos medios luchaba contra la manipulación de los datos, la percepción del estancamiento en el combate a la pobreza y la realidad: la mitad de la población mexicana vive en condiciones indecentes. La decencia de reconocer el magro logro parece no existir en los políticos actuales, preocupados por ganar -así sea con engaños- el siguiente hueso, la siguiente posición de poder.

Tanto como Trump en su discurso triunfante. Así de cerca se encuentran.

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