El silencio de los Corderos

Los partidos políticos se parecen mucho a las estaciones de radio o televisión, a los músicos y cantantes, a los merolicos, a los artistas de circo.

Todos quieren masa.

Si en Tlajomulco solo votó el 5 por ciento, en el caso de la elección del PAN, la debacle es enorme.

Con menos de 90 mil votos, Gustavo Madero es el nuevo -¿nuevo?- presidente de Acción Nacional. El político que basa parte de su respeto en su estirpe tuvo menos arrastre que un concierto en el zócalo de la Ciudad de México, que un baile en Monterrey, que el festival 212 en Guadalajara.

Pero así son las reglas de ese partido creado por Gómez Morín entre otros. El enmohecido PAN que se conforma con hablar de elecciones ejemplares ante menos de 200 mil personas en las urnas. El problema del PAN no está en su dirigencia, sino en la brecha entre ella y la ciudadanía.

Madero logró controlar los hilos para regresar a un nuevo periodo.

Ahora, acompañado de un disciplinado -y obediente- Ricardo Anaya quien, además del retorcido colmillo de Rafael Moreno Valle, intentará convertir al partido en un ente de combate, que gane elecciones y que, de paso, se aleje de todo lo que huela a Felipe Calderón.

En Jalisco las cosas no son tan sencillas. Desde el domingo en la noche se sabía que el trabajo de Emilio y sus amigos había fructificado.

Con sus matices.

Los jaliscienses salieron a cuentagotas a apoyar a sus candidatos. En total, 15 mil personas fueron quienes ejercieron su preferencia hacia Ernesto o Gustavo. Hubiera salido más económico rentar el auditorio Telmex para reunir a estos votantes.

Ahora, ya juntos, hubiera sido difícil incentivarlos a soportar al pariente del prócer revolucionario.

De hecho, la dispersión ayudó al objetivo. En la Zona Metropolitana de Guadalajara, Francisco Ramírez Acuña y contrapartes lograron girar las cosas y que el ex secretario de los seis mil pesos ganara.

Así es, el triunfo de Cordero en la capital de Jalisco abre otro tipo de discusión sobre qué tanto el apoyo de Emilio y sus cuates ayudará a Enrique Alfaro en su objetivo intermedio de ser alcalde de Guadalajara.

Si los emilistas continúan en su romance con el líder de Movimiento Ciudadano, tendrán que negociar con los amigos de Paco que, a propósito, no tienen intención de capitular la plaza de forma tan rápida.

Así pues, la elección panista dio paso a un Madero endurecido ante la negociación política con el gobierno y una conformación jalisciense que, de concertar, podría abrir el paso al primer alcalde de izquierda en Guadalajara.

La derecha que abre paso a la izquierda. Así de loca es la política en este país.