Los “shows” del hambre

La nota salió a la luz pública el lunes pasado: la Secretaría de Desarrollo Social organizó un concierto el día del niño. De forma infantil, pagó cantidades insultantes por la producción del show “compartamos la música, erradiquemos el hambre” que, a propósito, sucedió en el Auditorio Nacional.

El concierto tenía como participantes a bandas como La Gusana Ciega, Ruido Rosa, DLD y a Ely Guerra. Todos ellos, parte de un paquete que, según la Sedesol, costó cinco millones y medio de pesos en honorarios.

Esos cinco millones más la renta del auditorio nacional más honorarios de staff más la renta de iluminación –que, aquí uno preguntaría, ¿No estaba incluida en el paquete de la sala?– más otros gastos, lleva a que un espectáculo para combatir el hambre costó diez millones de pesos.

Los conciertos con causa existen desde hace mucho tiempo a nivel mundial. Algunos han traído grandes auxilios a gente con necesidades. Ejemplo de ello han sido Live Aid y Live 8. Bob Geldof y sus incesantes esfuerzos en contra de la hambruna en África tuvieron dividendos en la segunda mitad de los ochenta y en la primera de la década uno de ese siglo. Muchos más han querido imitar su esfuerzo. Otros, replicarlo para beneficio personal.

No ha de ser fácil crear shows donde escondas la mano con la que robarás de forma tan descarada. El concierto de SEDESOL, si no es un robo, por lo menos es un negocio para alguien. Seguro no para las bandas.

Negocio como lo es Rock por la Vida. Show organizado por una estación de radio de Guadalajara, insiste de forma recurrente en la necesidad de combatir los suicidios en el estado a través de la música. Curiosamente, la lucha es infructuosa.

Datos publicados por MILENIO JALISCO el domingo pasado demuestran que las cifras del Semefo refieren un aumento en los suicidios, principalmente entre el público target de dicha estación.

La denuncia por usar una bandera para enriquecer a unos cuantos debe constante. No sólo por el acto de corrupción que ensucia y opaca los esfuerzos reales de usar la música como vehículo de cambio social, sino por los cientos de vidas afectados ante el acto corrupto.

Dinero desviado que no ayuda a crear comedores, surtir despensas o impartir educación. Fondos que benefician a unos en sus bolsillos y evitan que la información y asesoría sicológica llegue a jóvenes necesitados.

La burla hecha tonada. Show que debería terminar en el rock de la cárcel para los ladrones.

¿Ponemos la tonada?