Republicano puerco

Bill O´Reilly era todo para Fox News. No, no exagero cuando digo que el conductor -emanado de programas de investigación de nota roja mezclados con espectáculos- era la piedra angular del canal de noticias cuyo propietario es Rupert Murdoch. O´Reilly movía la línea, orillaba debates y construía personajes a partir de una visión que él y su ex patrón Roger Ailes edificaron: la Norteamérica propiedad de blancos cristianos.

Lástima que todo estaba en cimientos de mentira y sumisión.

Ailes -un productor de televisión llegado de la actividad política- debió, en el 96, completar un equipo que mezclara el discurso conservador que combatiera el avance del gobierno de Clinton con la teatralidad necesaria para capturar una audiencia acostumbrada al drama y lo teatral.

O´Reilly fue el comentarista perfecto. En péndulo constante entre la actitud calmada y el grito del evangelizador, el conductor creció la retórica sobre la guerra contra la Navidad, la batalla contra la normalización de derechos de minorías y, por supuesto, una xenofobia y odio racial intertextual en todos los contenidos.

Eso hizo un éxito el canal para aquellos que, en el futuro, votarían por Trump. Eso lo entendió Trump y accionó su carrera política en ese camino que Ailes y O´Reilly construyeron.

Construcción hecha entre veredas de mentiras.

Ambos se volvieron intocables e incontrovertibles dentro de la organización. Tanto que, como sucede también en los medios en México, comenzaron a usar su poder para su beneficio personal.

Decenas de mujeres fueron sujetas a las insinuaciones y/o insultos de ambos. Solo pocas salieron a denunciar. A muy pocas les generó una retribución económica pese a los millones de dólares que O´Reilly generaba a la FOX, millones a partir de los altos ratings que, sí, servían a los republicanos, republicanos que sabían de las costumbres y conductas del directivo y su estrella principal.

Hace un año, una ex conductora del canal decidió denunciar y demandar, le siguieron otras y, con ello, la caída del líder del proyecto. Hace menos de un mes, Bill O´Reilly se dijo víctima de una persecución a partir de una investigación del New York Times que daba luz a sus excesos más allá de la cámara.

Ambos están fuera, pero el canal sigue como maquinaria de propaganda del gobierno actual de los Estados Unidos. Sin crítica o señalamiento alguno hacia los errores y peligros a los que los lleva Trump.

Tal y como sucede en México con muchos medios que, sin duda, fungen como vocería del poder.

La única -y dolorosa- diferencia es cómo aquí hay acoso y sumisión, pero no despidos e indemnizaciones.

Tercer mundo hasta en eso.

goliveros@me.com