Una de radio

Los formatos radiofónicos se transforman según la competencia que tengan enfrente. A veces funciona, a veces muestra la estupidez de sus directivos.

En Guadalajara, como en todo el país, la radio que manda es la grupera.

El género tiene grandes representantes y, otros, que logran figurar a partir de la payola en el mejor de los casos y del chantaje o la amenaza en los episodios más tristes del formato. Estaciones enteras en el norte del país viven aún el embate del crimen organizado que dicta el rol programático de ellas conforme el gusto o el mensaje del jefe del cártel en la zona.

Eso cambia en las grandes ciudades. Los programadores de estaciones gruperas obtienen dinero, poder, posiciones gracias a las grandes cantidades de público que logran movilizar en sus conocidos bailes.

Un ejemplo de ello es el Macro Yakult que se lleva a cabo esta semana en Guadalajara. El concierto es organizado por La Mejor, la cadena grupera de MVS.

El inicio de La Mejor tiene su origen en el fracaso de José Gutiérrez Vivó en la radio nacional. Cuando la familia Vargas apostó a llevar en cadena la radio metropolitana de la voz que México escuchaba, las ventas se cayeron en varias plazas, como por ejemplo Monterrey.

Y ahí comenzó La Mejor, un intento de competencia para La Z -de Grupo Radio Centro-, la Kebuena -de Televisa Radio -Prisa- y hasta la Kaliente.

El proyecto fructificó en algunas ciudades y, en otras, fue un gran fracaso. De hecho, en Ciudad de México se regresó al formato noticioso porque el mercado estaba ya saturado para estaciones populares.

Guadalajara es otra historia. La Mejor se ha defendido ante el embate de las dos gigantes de forma notable. Sus locutores son reconocidos y hasta queridos en distintos niveles. Pero eso no los saca de la polémica.

La última es lamentable. En parodia muy mal ejecutada del esfuerzo conocido como “Acción Poética”, los directivos de La Mejor autorizaron llenar la ciudad de frases insultantes, que pretenden ser humorísticas pero carecen de la pertinencia y el tacto que un medio familiar como lo es una frecuencia grupera debiera tener.

“Si me vas a dejar déjame embarazada”, “¿Qué somos? Mujeres. Y ¿qué queremos? No sabemos, somos mujeres” son un par de las ingeniosas -según los directivos de la estación- frases para promoverla.

El público que escucha música grupera sabe diferenciar entre la realidad y un chiste. Sin embargo, también pone en su lugar una campaña inteligente y otra hecha con misoginia disfrazada de creatividad.

Habría que preguntarle a Carmen Aristegui su opinión sobre esta campaña. Dudo se pronuncie: es la estación de sus patrones.

Una mala campaña es cobrada muy caro en la radio popular. Algunos se reirán, pero los patrocinadores voltearán con rapidez -más en una sociedad como la Tapatía, hipócritamente conservadora- a la competencia.

Esa será la verdadera acción patética, pero en contra de su directiva.