El puñetazo de Francisco

A la política mexicana no le dolió el dislate discurso de Jorge Mario Bergoglio. De hecho, en la hipócrita sociedad mexicana, lo que dijo es una constante: golpeamos en la nariz -o en los huevos, si se requiere- a quien nos ofende siempre y cuando la mayoría esté de nuestro lado. En la borregada mexicana los blancos y los negros son cada día más y los grises se diluyen ante la avanzada de absolutismos.

Francisco se olvidó de la otra mejilla y refirió el respeto universal de la religión hacia el mundano respeto de los afectos humanos y finitos; pasó del amarás a Dios por sobre todas las cosas a la comparación entre ambos sentimientos. Tal vez para verse más terrenal, Bergoglio abrió la puerta a los radicalismos, aberrantes, pero validados.

El libre albedrío con límite. Contradicción del máximo jerarca hacia la palabra de Dios que, sin embargo, no es la única. Alguien le dijo ya que el discurso libertario llegó a su máxima expresión y ha comenzado a teñir su dicho de un tufo Ratzingeriano que, seguro, busca que no se le vayan las ovejas que hoy tiene. Como panista con la intención de evitar la sangría hacia otros partidos.

Y en esos absolutismos llegan los payasos. El payaso correcto que desea ser alcalde desde la vergüenza de su pasado y el payaso religioso que compara humanos con animales desde la vergüenza de su presente. El Sr. Cienfuegos se exhibe como candidato sin explicar su actuar en la muerte de miembros de su público y “Leito” (sí, así se hace llamar) insiste que las mulas y los homosexuales son aberraciones en un mundo donde los puñetazos se dan desde el avión papal.

Lo importante es que, en todos los casos, las declaraciones se valen. Se vale el discurso del Papa y el del payaso. Se valida el contenido de **Charlie Hebdo y las protestas contra él. Se vale la lucha de libertades y, sí, aquellos que pretenden cerrarlas.

Y se valen todos porque, desde ahí, la sociedad debe pedir elementos, pruebas, argumentos sostenidos que defiendan ambas posiciones. La razón termina por imponerse. Contra la insidia siempre gana la verdad, aunque ésta no se encuentre donde se nos ha enseñado que es su sitio.

Pero el puñetazo de Francisco a los políticos mexicanos no es su declaración en el avión. No esa, sino aquella que cancela su viaje a México. Las esperanzas políticas de muchos estaban basadas en dicho viaje. Sin él, deberán usar otras mentiras para convencer al elector.

Porque si no, ni la mano del Señor los librará del escarnio en las urnas.