Tu pueblo en el agua

Las guerras por el agua aún no empiezan en el mundo. La religión aún somete conciencias y premia o castiga sociedades a partir de convicción y fé.

Pero si el agua no es motivo de pleito irreconciliable entre países, ha comenzado a ser causal de los peores dolores de cabeza para gobiernos.

Ya sea por nuestra falta de infraestructura como se muestra en huracanes o por la falta en zonas con alta densidad de población o en poblados sin infraestructura, el agua en exceso o en carencia revela el exceso de corrupción y la falta- de ideas en un país como México.

El caso de Temacapulín es un ejemplo.

“Temaca” no es una ciudad, es un pequeño pueblo que tiene pocos atractivos que hayan sido explotados para incrementar el número de visitantes. El río verde y la pesca casi artesanal marcan el sitio que se volvió centro de batalla política.

Hace sexenio y cacho, cuando los Panistas y su humanismo articulaban de forma lapidaria sus acciones de progreso, se decidió que Temacapulín debía de inundarse como daño colateral de la Presa el Zapotillo. Hoy estamos ante un triple problema.

Empatía. en papel parece fácil. Pero los habitantes deben dejar sus casas, sus tierras, sus calles, la iglesia donde se casaron, sus muertos y los lugares en donde les rezan. La vida bajo el agua.

Los gobiernos técnicos olvidan la historia de los ciudadanos. Además, habrá que revisar si esos señores que hace un sexenio creían tener todo controlado por la mano de Dios y de sus influencias conservadoras no tenían, también, otro tipo de tratos que beneficiaran a amigos y compadres, por no decir socios.

Nosotros, por nuestra parte, derrochamos agua y nos concentramos en lugares donde ya no existe la facilidad para tener que beber.

Y, al final, el error de gobierno.

Si Aristóteles no tenía la negociación completada sobre la presa, ¿Porqué entonces mandó el ahora infame tuit? Algo falló en la línea de comunicación y, hacia adentro, habrá seguro repercusiones.

Sin embargo, hacia afuera debe haber algo más que salidas de Pilato.

El error debe reconocerse y asumir que no se logró lo empeñado.

No se puede creer que la gente olvidará que su vida se transformó por una decisión central y basada en el confort de una megalópoli.

Error que flotará en 2015 a la mitad de las campañas. Porque si algo flota con mayor facilidad que la caca -diría Mariana Gómez del Campo- es el dislate político.

Apunte final: mucha defensa en medios de Panistas sobre su gestión.

Ninguna sobre decisiones como la de Temacapulín. La ineptitud también flota.