El país de la CH

De la chingada o de Chespirito, en una de esas es lo mismo.

El viernes pasado se dio a conocer la muerte de Roberto Gómez Bolaños. El Ciudadano Gómez tuvo en su vida personal una actitud muy distinta a la que sus personajes retrataban del mexicano común cada semana en los canales de TIM o de Televisa. Eso es lo que lo diferenció.

Gómez Bolaños era escritor y creó a su personaje más entrañable en los intestinos de Televisión Independiente de México. TIM competía con la poderosa Telesistema Mexicano con talento del tipo de Chespirito y Raúl Velasco. De hecho, los primeros episodios de “El Chavo del ocho” son de esa época donde El hijo de la secretaria y el ilustrador se negaba a irse al emporio Azcárraga.

En ese tiempo, necio pero conocedor de lo necesario, Gómez Bolaños decidió dar un paso drástico: interpretar a un niño de ocho años cuando él ya andaba en los cuarenta. Locura en los setenta e imposible de hacer en la Televisa actual, donde los actores tienen fecha de caducidad y las estrellas deben tener un genotipo claro de masa muscular más allá de tablas, carisma o talento.

Así, a sus cuarenta y tantos, Chespirito concibió un universo prefecto para la exportación hacia una América Latina cuyos gobiernos buscaban contenidos poco politizados y con una crítica casi nula al statu quo de la región, gobernada por regímenes dictatoriales o autoritarios.

En esa década de los setenta y la mitad de los ochenta, el Chavo y el Chapulín Colorado triunfaban por la combinación del talento de su creador y el sagacidad de venta de Televisa, que sabía tenía en sus manos el producto perfecto para territorios en crisis.

Con el tiempo, tanto Chespirito como el Tigre Azcárraga sabían que los personajes caducaban. Normal ante la necesidad de crear productos que ayudarán al crecimiento de la venta y del mercado. Chespirito desistió de interpretar a sus más de cincuenta años al Chavo y se dedicó a dar mayor espacio en su programa a sketches donde su esposa pudiera hacer reír los lunes y sonreír toda la semana.

Al final, Azcárraga decidió re programar a Chespirito en la Siberia de Televisa, el canal 9. Gómez Bolaños se negó y decidió irse. Retiro que fue superado cuando, ante la quiebra y la necesidad de contenidos exitosos para la crisis, Azcárraga Jean reprogramó los clásicos de El Chavo en casi todos sus canales.

Así, mientras Gómez Bolaños luchó siempre contra el statu quo, sus jefes pugnaban por lo contrario. Paradoja mediática triste, pero real.