El "ombudsman" Gourmet

En estos tiempos, la frivolidad política se premia.

No es de extrañarse cuando hay secretarios de estado a quienes les roban relojes de medio millón de pesos de valor o directores de organismos gubernamentales que poseen accesorios de vestir que significarían el salario de miles de trabajadores mexicanos. El problema es cuando el estilo de vida desvirtúa la función.

Leonardo Valdés fue el primero en poner el desorden. A su paso por la presidencia del Instituto Federal Electoral, Valdés hizo uso de la cartera institucional para volar por el mundo como jeque árabe y, de paso, comer en los más prestigiados restaurantes. El consejero presidente conoció el estilo del buen vivir y no lo dejó hasta que se acabó su periodo, nomás por convivir.

Esta semana, El Informador desnudó a otro funcionario de gobierno que disfruta de las mieles del erario como si éste fuera una fortuna particular. Felipe Álvarez Cibrián se llama. Presume tener una comisión más ágil y efectiva que las Administraciones anteriores -lo cual no debiera ser un complemento, sino una exigencia-. Lo que olvida el ombudsman es que, a la vez que es pública su labor, también lo son sus gastos. El burócrata gana 89 mil pesos netos; seguro no le importa cuando los gastos de alimentación y comunicaciones pasan al presupuesto público.

El diario descubre que los “gastos de representación” se duplicaron en el transcurso de 2013. El presidente promete investigar, pero eso sí, reconoce que hasta entre 400 y 500 pesos por persona por comida en restaurantes de lujo donde, dice, tiene reuniones con políticos.

¿Reuniones en comidas y desayunos? ¿No tiene oficinas -cuya operación sale del erario- para ello?

Álvarez Cibrián enumera los restaurantes que visita. Es de buen diente y candidato a gota por aumento de ácido úrico, porque de establecimientos de carne no sale. ¡Qué bueno que no vive en Nuevo León! Allá se la pasaría en el Rey del Cabrito y, de paso, haría caer la efectividad de la Comisión de Derechos Humanos neoleonesa que, a propósito, funciona mejor con menos dinero.

Una pena conocer los excesos de un funcionario que debiera estar interesado más en bajar el número de violaciones de derechos humanos en el estado más que en el tipo de vino que acompaña su corte, pero no es el primer ombudsman vacuo: José Luis Soberanes se recuerda por su gusto en la clase premier de Aeroméxico, frivolidad en el aire, pues.

Apunte Final: El defensor de audiencia de C7 fue electo. Un gran tipo que nunca hubiera llegado de no ser amigo del director. ¡Viva la transparencia!