La nueva censura

En México la censura se ejerce por curiosos caminos. Desde la demanda u hostigamiento por parte de miembros del poder a comunicadores y periodistas hasta la constante amenaza del gobierno en turno de todo tipo de represalias si se tratan temas delicados.

Durante años, los medios electrónicos tuvieron todo tipo de persecuciones para impedir que la Radio y la Televisión mostraran atrocidades u actos de corrupción. Los caminos iban desde las llamadas de Gobernación, Presidencia o RTC hasta métodos más sutiles.

Por ejemplo: si una empresa tenía un noticiero crítico o a un periodista que causaba controversia o problemas a la versión oficial, el gobierno actuaba no de forma directa sino en observación a otras ramas del negocio. En los noventa, el grupo de radio Núcleo Radio Mil lo vivió en los tiempos donde Miguel Ángel Granados Chapa era su conductor estrella. Ante la incapacidad de censurarlo por los medios tradicionales, la presión vino de los detalles: la estación en inglés se volvió irregular y la musical un dolor de cabeza. Granados Chapa terminó por ser despedido.

En otros casos, las irregularidades de programas, promos y hasta de expresiones de locutores o conductores de entretenimiento se volvían el camino para el chantaje: la concesión no estaba en riesgo por las expresiones periodísticas o por la información, sino por la mala práctica en la programación normal.

A la llegada del poder del panismo, parecía que los días de presiones de gobierno se suavizarían. No fue así. Gutiérrez Vivó es el ejemplo claro que no fue de esa forma.

Ahora, parece que el camino será otro.

En dos semanas, el Instituto Federal de Telecomunicaciones pondrá en activo sus criterios de defensa de audiencias. Ahí vienen puntos que, pareciera, pretenden diferenciar informerciales de contenido y publicidad de información.

El problema llega cuando se meten en la zona de "diferenciar opinión de información". El IFETEL desea que los medios expliquen a la gente cuando es un comentario editorial, pero el reglamento es a discreción del instituto por lo que si el mismo opina que la información en realidad es opinión, la cosa se complica.

Los medios ahora deben cuidar texto y entonación de sus comunicadores, de lo contrario una nota puede pasar como opinión del conductor, por lo que la sanción se haría valida.

Sanciones que serían desde económicas –fuertes, muy fuertes– hasta la revocación de la concesión.

Pasos para atrás disfrazados de vanguardia y cuidado. El camino del populismo.

El riesgo que todos debemos evitar.

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