En sus marcas

Las campañas están a escasas horas de comenzar, por lo menos formalmente. De manera casi ilegal y cínica, los partidos han continuado su insistente guerra sucia entre ellos y la captación de grupos y ciudadanos que, de forma incidental o accidental, han sido utilizados para atraer acuerdos o compromisos.

Vamos por partes. Fue la semana donde lloriqueo Guillermo Cienfuegos. El payaso sin gracia fue enterado de la realidad cruda: nunca fue considerado como un activo en la elección sino como un títere del juego político. Famoso por las mismas razones que tienen varada la televisión del país, el hombre que se maquilla y usufructa el nombre de Lagrimita reclamó algo que todos sabemos: el INE está en manos de los políticos y no de la ciudadanía. Lo irónico es que él, que vive la misma circunstancia que el INE, quiera venderse como un mártir.

Antes de comenzar la campaña en forma. Las encuestas han saltado. El PRI está en su piso, sin sorpresa y de muertito, con el conocimiento que nunca podrán desbancarlo en una elección intermedia porque, pese a su descrédito y el cinismo de su clase gobernante, está rodeado de pequeños políticos que se disponen más a una muerte segura que a una alianza. El todo no es igual a la suma de sus partes en México. El PRI lo sabe y lo disfruta.

El PAN se pierde en su laberinto. Sus candidatos son sosos y grises, a excepción de José Luis Preciado. La vergüenza no cabe en su actuar y, como muñeco de acción con pilas, juega a ser desde albañil hasta mecánico. No hay de qué sorprenderse, durante años jugó a ser senador. Lagrimita sin maquillaje.

Movimiento Ciudadano es la marca donde se recoge el cascajo del PRD que, poco a poco, se acerca a un PRI que no le niega el parentesco.

A la mitad, el partido Verde y Morena luchan por la posición cuatro, ambos en violación a la ley electoral. No obstante, pocos le reclaman al movimiento que su vocero moral use sus espacios comerciales para pavimentar la ruta de La Chingada -donde, se supone, se retiraba en 2012- hasta Los Pinos.

Y a la mitad, los timoratos. El político siempre querrá adeptos y adherentes. El problema es que, en su miopía, se acerca a las peores compañías.

El ejemplo está el jueves 26 en Guadalajara. En un peligroso acto que pudiera considerarse anticipado, un locutor organizó un convite con engaños y presiones a la escena alternativa tapatía. Ese mismo locutor vendió su “convocatoria” (basada, repito, en presiones en algunos casos) a un candidato.

El mismo locutor que, durante un semestre, le rogó hueso al candidato contrario. La congruencia con su bolsillo. El asqueo a lo que toca.

Así de opacas comienzan las campañas. Ojalá, con los días, se de la luz.