La indignación vacía

Apenas hace un par de semanas exponía aquí cómo la traición se hacía presente en nuestras acciones de protesta, en ese hipócrita actuar donde el linchamiento se daba en redes mientras, en la vida real, departíamos el queso y el vino con los mismos que, virtualmente, eran nuestros verdugos.

Los últimos días agudizaron lo dicho.

El despido de una conductora, el reconocimiento tácito del accionar perezoso en la asignación de dineros, el tibio arranque de campañas y hasta la muerte de un luchador en condiciones deplorables nos convirtieron en expertos en todo y en insurgentes de nada. División absoluta del país por libertades que son fáciles de luchar, pero lejanas de las verdaderas necesidades.

Mientras decenas de ciudadanos y cientos de bots intentaban -con un poco de ingenuidad- abollar el prestigio -si es que queda- del gobierno con hashtags en inglés para denunciar censura, la violencia llegaba a Jalisco en camionetas y balaceras. En Ocotlán o en Zacoalco. En Matamoros y Reynosa. En jornaleros esclavizados liberados del crimen organizado que, por extrañas razones, los retenían desde meses antes sin conocimiento de nadie.

Mientras la Ciudad de los Palacios albergaba a un agente al servicio del Palacio de Buckingham, la prensa interrogaba al chic Dr MAME sobre el dinero erogado para que Daniel Craig saltara por los techos del centro histórico capitalino y él respondía una verdad a medias: el GDF no financió la película.

Cierto, lo hacemos los demás. A través de estímulos fiscales que se darán a los coproductores de la cinta, dueños de líneas aéreas y hoteles de lujo.

La denuncia hacia la alta política ha perdido efectividad. El gobierno se sabe desgastado pero, curiosamente, también lo están sus opositores y críticos. El camino que sigue Aristegui para la lucha estaba en el guión esperado, igual el de sus seguidores.

El ruido, entonces, será pasajero y el olvido la apuesta. Como se olvida a los 43. Como se pretende que se olviden las casas de todos y los amigos que se conocen en reuniones sociales.

Y el incansable -es un decir- clamor en redes sociales se desvanecerá en las semanas y meses por venir. No así la miseria, el crimen, el abuso y la ausencia de derecho, de posibilidades de crecimiento y bienestar.

Porque, irónicamente, no es lo mismo sufrir del abuso si no se tiene nada que con los ahorros de 86 millones generados en seis años.

86 millones. Lo suficiente como para comprar una casa en Sierra Gorda.