El horror y las calles

Las megalópolis han sido golpeadas por el terror. Londres, Madrid, Washington, Nueva York, París. Cada una con un sesgo distinto, todas con un enemigo en común: la ambición de poder disfrazada de religión.

Las religiones no son motor de guerras sino quienes las manipulan en su beneficio. El Estado Islámico no busca la unificación teológica de la región, sino la unidad económica y de influencia a partir de la raíz religiosa. La fe como eje del pánico.

Los atentados del viernes al status quo occidental refuerzan la teoría: la lucha del Estado Islámico va más allá del califato y se acerca a ser un ente de poder real, por encima de los gobiernos de los países que cubre. Eso es ya una ganancia de facto de ISIS: Irak y Siria han dejado de ser interlocutores dentro de la solución del conflicto. Gobiernos de papel o inútiles, ambos han sido relegados de las acciones político militares.

La nueva guerra va más allá del conflicto contra Al Qaeda. Los satélites y videos en VHS quedaron atrás. El terror desde celulares encriptados y comunicación vía Telegram les da una ventaja ante autoridades que no entienden la rapidez de los nuevos fundamentalistas.

París vive un luto doble: por los muertos y por la libertad cercenada. Cercenada por los ataques y por la autoridad. El estado de excepción que Hollande quiere acercará a gobiernos a nuevas restricciones al uso de la red, cercos que afectarán a civiles que están lejos de los atentados pero cerca de la incomodidad en la crítica hacia el poder. La política contra el terror perseguirá críticos y, con 'buenas intenciones', inhibirá el activismo.

Lo vemos lejano, pero París está a la vuelta de la esquina. Las restricciones de libertad se calcarán tarde que temprano en México. Un país con otro tipo de terror -fiscal, social, de la narcoguerra y la narcopolítica- es caldo fácil para perder rendijas de opinión y análisis. Más de uno se congratula ante el chance de restringir todo y pensar en el flaco favor que unos fundamentalistas -como ellos- les hicieron con el ataque al Bataclán.

Apunte final: el sábado pasado, la ciudadanía tomó las calles en multitud, en familia, en convivencia única en el país. Única y sin repetición. Algunos -de estos fundamentalistas por cheque- se han quejado de ello. Incómodos de la libertad, pretenden inhibirla. Si los hay en México, solo que con menos capacidad que en otras partes del mundo.

Apunte final dos: hay un diputadito naranja que insinúa que cobró por entrevista. Se nota que eso sucede en los medios donde aparece. Chiquito hasta en su ataque. Pobre diputado Mirinda.