El hip hop narcocorrido

Hace un par de semanas se lanzó la nueva producción del intérprete de Rap The Game. Ahí, en colaboración con Skrillex -uno de los músicos de electrónica con mayor relevancia del presente- componen una canción que inicia con un sampleo de la mítica "Granada" de Lara.

Después, se devela el homenaje.

"El Chapo, yo soy el dios", remata la letra.

El narcocorrido convertido en hip hop.

La fuga de Joaquín Guzmán de un penal de alta seguridad en México llevó al personaje a las noticias internacionales y, por supuesto, a la discusión política norteamericana.

El Chapo se convirtió en el ejemplo de los candidatos republicanos de la corrupción e ineptitud Mexicana y en la figura a nombrar en debates y entrevistas para, con ello, ganar puntos en su política xenófoba y antimexicana.

Si la permanencia de Guzmán Loera era una afrenta luego de su primera fuga, en esta ocasión se convirtió en un dolor de cabeza grave para el gobierno norteamericano.

Se sabe de la ayuda que brindaron los cuerpos de seguridad estadunidenses para la captura hace poco más de un año en Mazatlán. Drones e intercepciones telefónicas como herramientas de localización del capo lograron ubicarlo en Miramar al lado de su esposa e hijas.

Por ello, la fuga y la filtración de videos donde se concluye que no fue el túnel sino la indiferencia torpe de la autoridad lo que llevó al líder criminal a la calle se volvieron, ya, en asunto de seguridad nacional norteamericana.

En un país donde la mariguana ya no es el principal problema de adicción sino las drogas sintéticas y la heroína mexicana, el encumbrar a un capo dentro del imaginario colectivo como invencible es peligroso e inaceptable.

Por ello, las filtraciones de la semana pasada a la NBC -a un reportero cuya cabecera no es México, sino Miami- iban dirigidas a un solo propósito: imprimir el mensaje que los días del Chapo están contados, ya sea fuera de la cárcel o con vida. De hecho, el trascendido de El Universal del lunes pasado recogería el mismo discurso como si fuera una encomienda instruida.

Y grave.

Filtrar que un criminal acabará o en la cárcel o muerto no es la mejor política de derechos humanos. Podrá uno estar en contra de todo lo que haga el líder del Cártel de Sinaloa, pero aceptar que la salida para detener su actividad delictiva -y sus fugas- sea "abatirlo" es aceptar el uso de la fuerza del Estado a niveles meta constitucionales para fines de seguridad.

Fines que pueden ser reclamados en futuro ante situaciones que, hoy, parecieran inofensivas.

Al final de la canción de The Game, una mujer reclama "soy El Chapo, te controlo desde Sinaloa".

Hay dos gobiernos que, al parecer, desean que eso pare a como dé lugar.

goliveros@me.com