El fallo de los medios

Durante la última semana y media, los medios norteamericanos se han hecho la más dura pregunta dentro de su historia: ¿En qué fallaron tanto?

La misma pregunta que, aún hoy, no han podido responder los medios en México.

Tratemos de hacer una autopsia desde nuestra propia trinchera.

Por meses, los medios en los Estados Unidos hicieron caso a encuestas y sondeos que daban como ganadora a Hillary Clinton de la elección presidencial. De hecho, estaban en lo correcto en lo general pero no en lo particular.

Los medios reportaban hechos fríos y masivos, pero perdieron de vista lo que sucedía a nivel cancha, la manera en la que los condados, ciudades y hasta los individuos que respondían de forma distinta a la estadística lanzada a partir de cálculos y algoritmos.

Cierto, Hillary tenía todas las posibilidades de ganar, pero comenzó a perder en la parte donde los medios son campeones: en crear contrastes. Clinton careció de la posibilidad de personificar a Donald Trump de la forma en que él logró caricaturizarla a ella y demás contendientes: a partir de sus debilidades.

El caso de López Obrador es ilustrativo en México. Durante un sexenio fue experto en crear un personaje de él y de sus enemigos políticos. Su muerte vino cuando un mercadólogo diseñó una campaña donde lo puso en la casilla de peligro. Aun hoy, AMLO no ha podido zafarse de dicho estigma para un sector poblacional.

Trump construyó el matiz con sus oponentes. Los minimizó a partir del insulto y la simplificación. Los medios, sordos a la calle, simplificaron los mensajes y los desecharon semana a semana. La calle, en cambio, los adoptó como propios y se alejó de la medición de los noticiarios. El internet y el radio –la mayoría de las veces, poco objetivos, muy sesgados y combativos– fueron sus refugios, la voz que los guiaba en su decisión final.

En México, No existía Rush Limbaugh ni Democracy Now! Pero estaban Pedro y Carmen. En todos los casos, hoy es distinto y una especie de orfandad política envuelve a los medios mientras la pesadumbre cubre los tiempos futuros.

El análisis en el fallo de cercanía de los medios nacionales y el ascenso de medios locales, cercanos a los problemas de cada persona debe ir, también, con el juicio a la falta de editorialización de noticias en Facebook y Twitter. La libertad de redes sociales fue arma perfecta de desinformación a partir de falsedades y rumores, herramientas que ayudaron a Trump para su victoria.

Lección que, ahora, deberemos de entender para 2018.

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