El entierro de Ayón

Elisa Ayón tiene todo en contra. La ex regidora -o, para ser cuidadosos, la regidora con licencia- de Guadalajara cayó en desgracia en una historia que ya no tiene mucho de novedoso.

En el último trimestre de 2013, salieron a la luz grabaciones en donde Ayón confrontaba a empleados de panteones y a locatarios del centro de la capital de Jalisco. En ambos casos, las grabaciones daban a entender que la maestra extorsionaba a ambos grupos a partir de su posición en el ayuntamiento y, más importante, por sus conexiones en el PRI.

La señora debió pedir licencia y, tal vez -como sucede en la  política mexicana cuando los políticos corruptos se van del ojo público- todo hubiera quedado ahí.

Pero Elisa iba hasta antes del fin del mundo o del sexenio. Antes de que acabara 2013 intentó regresar y, a través del chantaje, insinuó que si sus compañeros de partido le impedían el retorno ella divulgaría una serie de actos de corrupción que conocía.

Flaco favor de la mujer a ella y a su partido. Si sabía de esos actos de corrupción ¿Por qué esperar a su no retorno? Si regresaba ¿no era una aceptación tácita que encubría la podredumbre del PRI y que por ello tenía puestos y privilegios?

Elisa Ayón, con su amenaza, no sólo recordó una de las razones que un sector poblacional reflexiona para no votar por el PRI -la corrupción de sus miembros-, sino que demostró que, a su entender, sus privilegios están por encima de la población.

No importa ya si las grabaciones son verdaderas o si la dama encontró un chivo expiatorio en aquella ciudadana que se culpó sobre la identidad de la voz. No, Elisa Ayón puso su interés por encima del suyo. Por vergüenza no debería regresar. Lástima que no la tenga.

Esta semana, denunció que, en los panteones de Guadalajara -esos que extorsionaba ante la idea de que sería gobernadora-, se trafica con autos robados, se realizan cremaciones clandestinas y se filma pornografía.

Ella se refiere a la película **Supernatural, de la empresa Nopalitos Film. Según su director, dicho filme se realizó en el norte del país, no en la Perla de Occidente.

Como sea, curioso que denuncie hechos pasados hace casi un lustro hasta ahora, que la desgracia política le cayó. El callar tanto tiempo abre la sospecha de colusión, de que sí le repartieron.

Y no precisamente de lo que reparten en el filme erótico.

Lo único supernatural de todo esto es ¿Por qué el gobierno estatal y local no actúan con mayor rapidez y firmeza en la investigación de la señora?

Eso no es supernatural. Es tibio.

O cómplice.