Los derechos de la familia

Un candidato es cuestionado en un programa de radio. De hecho, usan las mismas preguntas que he usado desde hace ocho años cuando un candidato a cualquier puesto llega a mi cabina: algunos salen con rapidez, otros responden llanamente y hay algunos que se empantanan en la respuesta y manchan su carrera al hueso.

¿Estás a favor o en contra los matrimonios universales? ¿Estás a favor o en contra de la legalización de la marihuana? ¿A favor o en contra de la adopción homoparental? ¿Su opinión sobre el aborto?

En un país tan hipócrita y doble moral como México, las respuestas pueden ser sorprendentes. Claro, el PAN dirá en todos estos casos que está en contra, va contra los principios e idea de la familia tradicional de mamá, papá y dos hijos, son tomar en cuenta que la madre puede ser alcohólica, el padre un cornudo y los hijos misóginos y clasistas.

Pero los otros personajes son distintas, sorpresivos. Tanto, que hasta los familiares que son parte del mismo partido se contradicen. La mayor sorpresa es que la contradicción venga entre primos, uno de ellos Presidente de México.

Hace unos meses, Enrique Peña Nieto quiso dar un paso para congraciarse con la historia y legalizar en todo el país el matrimonio universal. Esto enfureció a la legión del pan de caja. Empresarios, líderes de la iglesia y activistas de derecha despertaron y tomaron calles y cánticos. La defensa por la familia tiñó de blanco calles y avenidas de ciudades donde la doble vida mantiene la pujante industria de la motelería.

La movilización no se dio solo en las calles sino que contaminó las urnas que, combinadas con el tufo contaminante de la corrupción, hicieron perder al Revolucionario Institucional en elecciones que parecían sencillas. Porque al PRI se le puede perdonar lo corrupto pero no lo moderno si eres conservador.

Ahora, la pelea por el Estado de México entra en etapa definitoria, a un mes de la elección, los candidatos quiere. Los requisitos conservadores son ahora disputados por partidos de derecha, centro e izquierda.

Ahí se encuentra Alfredo Del Mazo

Hijo de gobernador, nieto de gobernador, teme no ser gobernador, la obsesión de su vida

Por ello, Del Mazo responde, fuerte y con todo, lo que indecisos votantes quieren escuchar. No tiene caso pelear por los liberales: no alcanzan para llegar el número mágico de mayoría.

Por ello, el derecho de las familias es la llave para ganar la gubernatura. No solo para el priista, sino por supuesto para Josefina y Delfina que, en su ordinario estilo, ya había dicho que la homosexualidad era como un defecto con el que se tenía que sobrevivir.

Que ambos enarbolen esa ideas no hablan mal de los dos, sino de la sociedad que los tendrá, a uno u otro, como gobernante.

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