El corazón roto

La vida adolescente de la democracia mexicana ya ha pasado por todo. Nos ha salido el acné del grasiento asistencialismo, nos duelen las coyunturas de las protestas, ha comenzado a salir vello en las zonas donde, antes, nadie hablaba y hemos pasado por berrinches y rebeldía propia de la etapa.

Pero nadie esperaba un corazón roto.

Miguel Ángel Mancera rompió el corazón de decenas de sus seguidores  cuando reemplazó la confrontación con el gobierno federal con un noviazgo acaramelado. El Jefe de Gobierno -que ha repetido de forma insistente que es de apartidista- rompió con la tradición de gobiernos perredistas de ver con desconfianza y desdén al poder federal y, en cambio, optó por el camino de ir de la mano de Peña y sus colegas.

La percepción de la gestión de Mancera es errática, ya que el uso de la fuerza pública se volvió cotidiano en manifestaciones contra el gobierno y la lógica mercantil comenzó a picar al gobierno de izquierda. Vale la pena decir que, de pronto, los gobiernos de izquierda en México han mostrado su lado siniestro.

Aumento de precios, desconfianza de cuerpos policiales, decisiones torpes y poco populares como la modificación del programa Hoy no Circula. Mancera no la ha tenido perfilada para gol.

Pero la última ha sido un golpe certero a su corazón y salud.

Que un político se enferme es natural. Pasa con todos nosotros. Como todos nosotros, si faltamos a nuestras obligaciones por cuestión de salud, Mancera debió de avisar.

Porque, siendo serios, al pasar de los días da más la impresión de que el equipo de comunicación del Jefe de Gobierno quiso ocultar la ablación a la que fue sometido el gobernante en la espera de que el procedimiento saliera como estaba programado.

Si a Mancera no le hubieran hecho un hoyo en la aorta y en un ventrículo, nunca nos hubiéramos enterado que al ex procurador le habían operado.

Eso es inadmisible.

Los políticos en función deben de reportar su estado de salud a los gobernados, más aún si se someterán a procedimientos quirúrgicos de riesgo como fue el caso. Mancera no es un ciudadano común, la falta de información sobre su estado de salud crea vacíos que se llenan con rumores y medias verdades.

Al final, la operación de Mancera fue un reflejo de lo que, hasta hoy, ha sido su mandato: tras salirse del ritmo, se creyó fácil congelar ese sector, se manejó mal y el resultado es un corazón roto.

Roto y mal comunicado. Como todo lo que pasa en el gobierno del DR MAME.