Asfixia

En enero de 1987, la Ciudad de México se levantó con cientos de pájaros muertos en las calles de la metrópoli. Ramón Aguirre, jefe del Departamento del Distrito Federal, dejó el problema en manos del que, aun entonces, era el secretario de desarrollo urbano y ecología.

Manuel Camacho debía de luchar en dos pistas. Por un lado, preparar el camino para que su gallo -Salinas- llegara a la candidatura ante el embate de los otros tapados y de la Corriente Democrática. En el otro campo, Camacho ideó -junto a Ramón Ojeda- una idea que diera la sensación de interés del gobierno en el combate a la contaminación y protección a la ciudadanía.

Así, crearon programas que pasarían de la invitación a lo ridículo. Del No Circula voluntario al obligatorio, pero temporal, pasamos al Hoy No Circula permanente y el aplazamiento de los horarios de escuelas hasta la suspensión de clases durante todo el invierno.

La ciudad cambió radicalmente en 29 años, tanto que los contaminantes que atacaban a la ahora megalópolis han cambiado tanto que el temor ya no es a la inversión térmica sino a la concentración solar. Del plomo pasamos al ozono y de los 350 puntos IMECA estamos en emergencia por 150.

En todos los casos, la sensibilidad política juega para futuro.

Camacho jugó sus cartas de forma tan acertada que de no haber hecho el gran berrinche del 93 podría haber sido presidente.

Mancera, en cambio, ha dejado su futuro político -y el bienestar capitalino- en las manos del gobierno federal y Tania Müller.

Rafael Pacciano ha tomado decisiones de las cuales ha logrado zafarse del peso político y todo se ha trasladado hacia el gobierno capitalino. A eso, agregue que Müller ha logrado enardecer a la opinión pública a partir de declaraciones estilo María Antonieta de "Si no circula su auto, use bicicleta" -mientras los niveles de contaminación están disparados- o "Si tiene hijos y usa bicicleta porque su auto no circula, haga rondas".

La frivolidad del gobierno de Mancera cobrará en los meses por venir. El botín está listo para que las huestes de López Obrador lo tomen completo y, en 2018, el gobierno federal que entre se encuentre con una situación de mayor tensión que la vivida entre el 2000 y el 2012.

Mientras, los habitantes del DF continuarán con una complicada movilidad, tarifas disparadas de Uber y la esperanza que los vientos o la lluvia hagan la labor que gobiernos priistas y perredistas no han logrado en tres décadas: evitar la asfixia de los chilangos.

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